Saltar al contenido
Por Gustavo Thompson
Hace más de un año, cuando en la mayoría de las mesas políticas de la Argentina todavía se discutía peronismo, radicalismo, libertarismo o kirchnerismo, Walter Magallanes planteó en San Luis Streaming y La Línea una pregunta mucho más inquietante: ¿Y si el verdadero poder del futuro ya no estuviera en los partidos políticos?
En aquel momento muchos creyeron que se trataba de una exageración intelectual. Se hablaba del inicio del camino de la muerte de la raza política y la democracia en el mundo a través de una nueva orden mundial denominado los TECNOFEUDALES.
Sin embargo, el tiempo comenzó a darle contexto a aquella reflexión.
La Ventana de Overtón hace su camino.
Hoy Peter Thiel, uno de los hombres más influyentes del planeta, fundador de PayPal, primer inversor externo de Facebook y creador de Palantir, se encuentra estrechando vínculos con la Argentina de Javier Milei, comprando propiedades emblemáticas en Buenos Aires y desarrollando una agenda de contactos que trasciende ampliamente lo económico.
Pero el verdadero interrogante no es cuánto dinero tiene Peter Thiel.
La verdadera pregunta es qué representa Peter Thiel.
Porque Thiel no pertenece a la vieja economía.
No viene del petróleo.
No viene de la industria.
No viene de los bancos.
Viene del mundo de los datos.
Viene del mundo de la inteligencia artificial.
Viene del mundo donde la información vale más que el territorio.
Palantir, la empresa que fundó, nació para procesar cantidades gigantescas de información y detectar patrones invisibles para la mayoría de las personas.
Sus sistemas han sido utilizados por organismos gubernamentales, estructuras de defensa y agencias de inteligencia en distintos países como el Pentágono por ejemplo.
Y es allí donde aparece el concepto que Magallanes intentó explicar cuando hablaba del nacimiento de una nueva civilización.
La sociedad no humana.
No significa que desaparezcan las personas.
Significa algo mucho más profundo.
Significa que las decisiones comenzarán a tomarse cada vez más a través de sistemas que procesan datos, algoritmos e inteligencia artificial.
La política tradicional se apoyaba en dirigentes.
La nueva sociedad se apoyará en plataformas.
Por eso Thompson habla hace tiempos de SOBERANIA DIGITAL y poco y nada le dan importancia.
La economía tradicional dependía de trabajadores.
La nueva economía dependerá de automatizaciones.
La comunicación tradicional se construía en los medios.
La nueva comunicación se construye en algoritmos.
La vieja sociedad organizaba seres humanos.
La nueva sociedad organiza información.
Por eso Peter Thiel resulta tan relevante.
Porque representa a una generación de empresarios que no piensa en décadas sino en siglos.
Que no discute solamente gobiernos sino civilizaciones.
Que debate inteligencia artificial, longevidad humana, automatización, vigilancia digital y la relación futura entre personas y máquinas.
Mientras gran parte de la dirigencia argentina sigue atrapada en discusiones del siglo XX, personajes como Thiel observan el mundo desde otro lugar.
Observan una humanidad que podría convivir con inteligencias artificiales más poderosas que muchos especialistas.
Observan un futuro donde millones de empleos serán reemplazados por sistemas automatizados.
Observan sociedades enteras administradas mediante inteligencia de datos.
Y aquí aparece una pregunta inevitable.
¿Qué busca Peter Thiel en la Argentina?
Tal vez inversiones.
Tal vez oportunidades.
Tal vez recursos estratégicos.
Pero también podría estar observando algo más importante.
Un laboratorio político.
Un país capaz de experimentar cambios profundos en muy poco tiempo, ergo, Argentina será conejito de India de los Tecnofeudales..
Un escenario ideal para observar cómo reaccionan las sociedades frente a transformaciones aceleradas.
Por eso vale la pena recuperar aquellas reflexiones de Walter Magallanes.
Porque quizás no estaba hablando de política.
Quizás estaba hablando del final de la política tal como la conocimos.
Quizás estaba describiendo el nacimiento de una nueva etapa histórica donde el poder ya no se medirá por la cantidad de afiliados, militantes o intendentes.
Sino por la capacidad de procesar información.
Porque el siglo XX fue el siglo de los partidos.
El siglo XXI podría ser el siglo de los algoritmos.
Y en ese nuevo tablero mundial, Peter Thiel no parece haber llegado a la Argentina por casualidad.