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Por Gustavo Thompson.
El verdadero debate no es quién explota las tierras raras.
El verdadero debate es quién se queda con la riqueza.
Durante décadas, la Argentina discutió el desarrollo con una lógica que parecía incuestionable: atraer empresas extranjeras para que inviertan, exploten nuestros recursos naturales, generen algunos puestos de trabajo y, a cambio, dejen regalías e impuestos.
Ese modelo pudo haber tenido sentido hace cincuenta años.
La pregunta es otra.
¿Sigue teniendo sentido en 2027?
San Luis empieza a mirar con expectativa la posibilidad de explotar minerales estratégicos y tierras raras, recursos que el mundo demanda cada vez más para fabricar baterías, autos eléctricos, teléfonos celulares, equipamiento militar y tecnología de punta.
Y frente a esa oportunidad aparecen dos formas completamente distintas de pensar la provincia.
La primera es la tradicional.
Buscar capitales internacionales.
Conceder áreas de explotación.
Cobrar regalías.
Celebrar la llegada de inversiones.
Generar empleo.
Es el modelo clásico.
El que Argentina aplicó durante décadas.
precisamente lo que propone Adolfo Rodriguez Saá por estas horas.
Pero existe otra mirada.
Una mirada mucho más propia del siglo XXI.
¿Por qué San Luis no podría crear una empresa minera provincial?
¿Por qué resignarnos a que el negocio más rentable quede en manos de empresas que vienen, extraen el recurso y luego trasladan la mayor parte de la renta fuera de la provincia?
El mineral está en San Luis.
La riqueza pertenece al suelo puntano.
Los trabajadores serían puntanos.
Los profesionales podrían ser puntanos.
Los proveedores podrían ser puntanos.
Entonces aparece una pregunta incómoda.
¿Por qué la mayor parte de la ganancia debería terminar fuera de San Luis?
Durante mucho tiempo nos hicieron creer que la única manera de desarrollarnos era esperar que viniera alguien de afuera.
Que trajera el capital.
La tecnología.
La decisión.
Nosotros poníamos el territorio.
La mano de obra.
Y esperábamos que nos dejaran una parte.
Ese pensamiento fue propio de otra Argentina y de otro San Luis.
El San Luis que entregó el Río Quinto para que las fábricas lo destrozaran.
El San Luis que eliminó el 80% de los bosques autóctonos, todo a cambio de regalías, a cambio de guita.
La Argentina de los años setenta.
La Argentina donde el desarrollo se medía únicamente por la cantidad de inversiones extranjeras que llegaban.
Pero el mundo cambió.
Hoy muchos países entendieron que los recursos estratégicos son también herramientas de soberanía económica.
No alcanza con extraer minerales.
Hay que generar conocimiento.
Industrialización.
Valor agregado.
Tecnología.
Y participación estatal inteligente.
No se trata de expulsar al capital privado ni de cerrar la puerta a la inversión internacional.
Se trata de discutir quién conduce el negocio.
Los mismo pasa con el áridos del Río Quito, debería custodiarlo y administrarlo el estado y lo explotan empresas privadas ¿por regalías?.
Porque una cosa es asociarse.
Y otra muy distinta es limitarse a alquilar el subsuelo.
San Luis tiene por delante una oportunidad histórica.
Quizás irrepetible.
Puede repetir un modelo donde otros explotan la riqueza y la provincia recibe una pequeña parte.
O puede comenzar a discutir un modelo completamente diferente.
Uno donde los puntanos no sean solamente empleados de una empresa minera.
Sino también dueños de una parte significativa del futuro que esa riqueza puede construir.
La discusión ya no pasa por extraer minerales.
La verdadera discusión es mucho más profunda.
¿Queremos seguir siendo una provincia que vende recursos… o convertirnos en una provincia que construye riqueza?
Porque los recursos naturales se agotan.
Pero el desarrollo inteligente puede durar generaciones.