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Por Gustavo Thompson.
Bartolomé Abdala y Rodolfo Negri: dos estilos que reflejan el debate que atraviesa a la política puntana
Las personas pueden pertenecer al mismo espacio político y, sin embargo, representar dos maneras completamente distintas de entender el ejercicio del poder.
Eso parece comenzar a suceder en San Luis.
Dentro del universo libertario conviven dirigentes con una misma pertenencia política nacional, pero con estilos profundamente diferentes.
Dos nombres permiten observar con claridad esa diferencia: Bartolomé Abdala y Rodolfo Negri.
No se trata únicamente de trayectorias distintas.
Se trata de formas distintas de construir política.
Bartolomé Abdala, representante del departamento Capital (Pueyrredón), ha construido buena parte de su perfil público desde una lógica confrontativa. Detectar al enemigo y combatirlo.
Su presencia política suele estar ligada al enfrentamiento, a la respuesta inmediata y a un discurso de fuerte polarización, una estrategia que acompaña el clima de confrontación que ha caracterizado a buena parte de la política argentina durante los últimos años.
La clásica mentalidad setentista devenida de tiempos donde las emocionalidades no escapaban al mismo concepto relacionado a lo militar, las muertes, los desaparecidos, la venganza, el odio y los desaparecidos.
Rodolfo Negri, en cambio, aparece desarrollando un camino diferente.
Desde el departamento Pedernera, su imagen comienza a asociarse con conceptos como diálogo, respeto institucional, prudencia y búsqueda de consensos.
No significa renunciar a las convicciones, sino comprender que una provincia se construye sumando voluntades antes que multiplicando enemigos.
Y esa diferencia no parece ser casual.
¿Está naciendo otra forma de hacer política?
Nuevos tiempos, hartazgo de un pasado que siempre hablo de un futuro que nunca llegó.
Desde hace tiempo, La Línea viene sosteniendo que algo importante está comenzando a gestarse en San Luis, desde Villa Mercedes.
No necesariamente un nuevo partido.
No necesariamente un nuevo frente.
Sino una nueva cultura política.
Mientras buena parte del país continúa atrapada entre la grieta permanente, las descalificaciones y la lógica del adversario como enemigo, desde Villa Mercedes parece comenzar a emerger una mirada distinta.
Una mirada donde el diálogo deja de interpretarse como debilidad.
Donde escuchar no significa resignar principios.
Donde construir acuerdos deja de ser una mala palabra.
Dónde no generar oposiciones absurdas ya parece un hecho que comienza a ser observado científicamente.
Lo llamativo es que este fenómeno no surge desde los grandes centros de poder nacional.
Surge desde el corazón del país.
Desde el departamento Pedernera.
Villa Mercedes como laboratorio político
Quizás el dato más interesante no sea quién lidera ese proceso, sino la cultura política que lentamente comienza a instalarse.
Cada vez son más los dirigentes que hablan de mesas de consenso.
Cada vez aparecen más llamados a integrar antes que excluir.
Cada vez se observa con mayor frecuencia la idea de incorporar distintas expresiones políticas alrededor de objetivos comunes.
Es un lenguaje distinto al que durante décadas dominó la política provincial.
Mientras algunos continúan apelando a la confrontación permanente, otros parecen comprender que la sociedad demanda otra cosa.
Demanda dirigentes que generen confianza.
Que transmitan serenidad.
Que inspiren previsibilidad.
Que puedan discutir sin destruir al otro.
El agotamiento de las viejas prácticas
La política argentina atraviesa una transformación profunda.
No solamente cambian los partidos.
También cambian las expectativas sociales.
Las nuevas generaciones observan con creciente distancia los personalismos extremos, las disputas interminables y las viejas prácticas basadas en la descalificación permanente.
La sociedad comienza a valorar otras virtudes.
La palabra.
La coherencia.
La humildad.
La capacidad para trabajar con quien piensa distinto.
La construcción colectiva.
Quizás por eso empiezan a diferenciarse con mayor claridad aquellos dirigentes que permanecen aferrados a formas tradicionales de hacer política de quienes intentan construir una etapa distinta.
Más allá de los nombres propios
La verdadera discusión probablemente no sea Abdala contra Negri.
La discusión es mucho más profunda.
Es decidir qué tipo de dirigencia necesita San Luis para afrontar los próximos veinte años.
¿Una política basada en la confrontación permanente?
¿O una política donde las diferencias puedan convivir con el respeto institucional?
Las sociedades que progresan no son aquellas donde todos piensan igual.
Son aquellas donde quienes piensan distinto pueden sentarse en una misma mesa para resolver problemas comunes.
La oportunidad de una nueva generación
Tal vez Villa Mercedes esté ofreciendo una señal que todavía muchos no alcanzan a dimensionar.
Mientras gran parte del país continúa alimentando la lógica de la grieta, desde el centro de San Luis parece comenzar a consolidarse una idea diferente: que el futuro no se construye desde el enfrentamiento permanente, sino desde la confianza, el diálogo y la capacidad de unir.
Si esa cultura política logra consolidarse, San Luis podría diferenciarse no por el volumen de sus discusiones, sino por la calidad de sus acuerdos.
Y esa sería una noticia poco frecuente en la Argentina de hoy: una provincia que decide dejar atrás las viejas mañas, los personalismos y las divisiones estériles propiciadas por mentes octogenarias analógicas para abrir paso a una nueva generación de dirigentes, hombres y mujeres que entiendan que el liderazgo no consiste en imponer, sino en convocar.
Porque, al final, las sociedades no recuerdan a quienes más gritaron, dividieron y humillaron.
Recuerdan a quienes tuvieron la grandeza de construir un futuro compartido.