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Por Gustavo Thompson.
En política existe un capital que vale tanto como una elección ganada: la certeza.
Los dirigentes pueden aceptar una decisión que no los beneficie, pueden comprender una estrategia que no los favorezca e incluso pueden acompañar un rumbo con el que no coincidan plenamente.
Lo que difícilmente soporta una fuerza política es la incertidumbre permanente.
Hoy ese parece ser uno de los principales desafíos que enfrenta el gobernador Claudio Poggi.
Nadie discute que administrar una coalición amplia requiere equilibrio, paciencia y capacidad para escuchar a todos los sectores.
Tampoco resulta sencillo conducir un frente integrado por dirigentes con historias, identidades y aspiraciones diferentes.
Pero llega un momento en que la prudencia deja de ser una virtud y comienza a convertirse en un problema.
La falta de definiciones políticas empieza a generar un efecto dominó.
Mientras desde la conducción provincial no aparecen señales claras sobre el rumbo electoral, sobre los liderazgos que se consolidarán o sobre los criterios que ordenarán el futuro del Frente Ahora San Luis, en cada ciudad y en cada departamento comienzan a crecer las especulaciones y eso no esta bien porque incomoda.
Cada dirigente interpreta los silencios a su manera.
Cada sector cree tener una señal distinta.
Cada aspirante comienza a construir sobre rumores.
Aparecen las versiones, las especulaciones y recorren una lineal muy delgada.
Y cuando la política se alimenta de rumores, inevitablemente aparecen las internas, las desconfianzas y los conflictos innecesarios.
Los dirigentes territoriales necesitan saber hacia dónde va el proyecto político que integran.
Los intendentes necesitan previsibilidad para planificar.
Los referentes departamentales necesitan reglas claras para ordenar sus equipos.
Incluso los propios militantes necesitan un horizonte que les permita explicar hacia dónde camina el espacio que representan.
Las indefiniciones prolongadas generan un desgaste silencioso.
No producen grandes titulares, pero sí provocan algo mucho más peligroso: erosionan la confianza interna.
Gobernar también significa conducir políticamente.
Y conducir implica tomar decisiones, aun cuando no conformen a todos.
La experiencia demuestra que una definición clara suele generar menos conflictos que una espera interminable.
La política tolera una decisión; lo que difícilmente tolera es la sensación permanente de que todo está abierto y nadie sabe cuál será el próximo paso.
Mientras, los octogenarios se auto estimulan creyendo que son momentáneamente los dueños del territorio cuando están prácticamente solo porque no hay CERTEZAS en el oficialismo.
Quizás haya llegado el momento de que Claudio Poggi comience a ofrecer esas certezas que gran parte de su propio espacio espera.
No se trata de adelantar candidaturas ni de iniciar una campaña anticipada.
Se trata de marcar un rumbo y acomodar los soldaditos.
Los proyectos políticos sólidos se construyen sobre confianza.
Y la confianza nace cuando existe previsibilidad.
El Frente Ahora San Luis necesita saber cuál será el camino.
Porque cuando desde la conducción no aparecen definiciones, inevitablemente otros ocupan ese vacío con versiones, operaciones o intereses personales.
Todavía hay tiempo para ordenar.
Todavía hay tiempo para fortalecer la unidad.
Pero el reloj político avanza, y cada día sin definiciones alimenta una incertidumbre que comienza a sentirse en todos los niveles del frente.
En política, como en la vida, la incertidumbre desgasta; las certezas, en cambio, permiten construir futuro.
Ese puede ser hoy uno de los mayores desafíos del gobernador Claudio Poggi.