Saltar al contenido
Por Gustavo Thompson.
Hay datos que parecen simples curiosidades históricas, pero que, cuando se observan con detenimiento, revelan la lógica con la que una provincia construyó su poder durante más de un siglo.
San Luis tiene una particularidad difícil de encontrar en otras provincias argentinas.
La ciudad más importante desde el punto de vista económico, industrial y productivo jamás logró transformar ese peso específico en conducción política provincial.
Villa Mercedes produce.
Villa Mercedes trabaja.
Villa Mercedes genera buena parte del movimiento económico de San Luis.
Pero cuando llega el momento de decidir quién conduce la provincia, el poder casi siempre vuelve al mismo lugar.
La historia resulta llamativa.
Localidades mucho más pequeñas que Villa Mercedes dieron varios gobernadores.
El Morro, con apenas unos cientos de habitantes, aportó dos mandatarios provinciales.
Renca llegó a tener cinco gobernadores surgidos de esa localidad.
En cambio, Villa Mercedes, segunda ciudad de la provincia, solamente pudo llevar a uno de sus hijos a la máxima magistratura: León Guillén.
No se trata de una injusticia geográfica.
Se trata de una cultura política.
Durante décadas, el poder provincial se estructuró alrededor de un mismo eje institucional, administrativo y simbólico, concentrando allí las decisiones más importantes.
Mientras Villa Mercedes se transformaba en el motor económico de San Luis, el centro del poder continuaba respondiendo a otra lógica.
Por eso cada intento mercedino terminó encontrándose con el mismo techo.
Carlos Edgardo Zavala.
Miguel Ángel Bonino.
Walter Ceballos.
Eduardo Gastón Mones Ruiz (padre).
Tula Durán.
Todos, en distintos momentos, intentaron romper esa barrera.
Ninguno pudo hacerlo.
No porque Villa Mercedes careciera de dirigentes.
Sino porque nunca consiguió construir una mayoría provincial capaz de modificar un equilibrio político consolidado durante generaciones.
Ese es el verdadero dato histórico.
Y quizá explique muchas cosas del presente.
Porque, por primera vez en muchos años, vuelve a aparecer una figura nacida políticamente en Villa Mercedes con proyección provincial.
No alcanza con tener buena imagen.
No alcanza con gobernar bien una ciudad.
Gobernar San Luis exige algo mucho más complejo: construir confianza en los nueve departamentos y demostrar que un proyecto nacido en Villa Mercedes puede representar a toda la provincia.
Ese desafío hoy vuelve a estar abierto, la historia recién comienza y se tiene que escribir a tuétano, paso por paso.
No es una cuestión de revancha entre ciudades.
No se trata de Villa Mercedes contra San Luis capital, todo lo contrario, ese es un concepto octogenario y analógico.
Se trata de preguntarse si la provincia está preparada para romper una tradición política de más de un siglo.
Porque las provincias también cambian cuando cambian sus centros de gravedad.
Y quizás la verdadera discusión ya no sea de dónde viene un gobernador.
La verdadera pregunta es otra.
¿Está San Luis preparada para que el liderazgo provincial deje de ser una costumbre histórica y se convierta, finalmente, en una decisión de toda la provincia con una visión colectiva y pluralista?.