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Por Gustavo Thompson.
A poco más de una semana de las elecciones del 11 de mayo en la provincia de San Luis, Villa Mercedes vive un fenómeno atípico, casi revolucionario en términos democráticos: el clima electoral se respira en paz, sin estridencias, sin agravios, sin basura verbal ni simbólica. Es, sin dudas, una nueva forma de hacer política.
En contraste con el escenario de la ciudad capital —donde las elecciones se viven como una batalla campal, plagada de descalificaciones, violencia discursiva y operaciones de todo tipo—, en Villa Mercedes la serenidad, el respeto y la limpieza reinan con una contundencia inusual. Aquí, la campaña no se siente en su forma tradicional: no hay enfrentamientos públicos, no hay golpes bajos, no hay guerra de carteles ni de micrófonos. Y eso no es por falta de propuestas, sino porque el foco está puesto en las ideas, no en los enemigos.
Lo que sucede en Villa Mercedes es un ejemplo silencioso pero poderoso de una nueva política que está siendo impulsada por las juventudes, por una generación que ya no tolera las viejas prácticas de la casta política desgastada, que ya no se identifica con los insultos ni con los shows mediáticos vacíos. Los jóvenes están marcando una agenda distinta, basada en el respeto, la coherencia, y la búsqueda de soluciones reales.
Claro que hay quienes intentan, sin éxito, torcer este clima civilizado. Figuras anacrónicas como Carlos Cobo, un obsecuente emocionalmente desequilibrado con los vicios del pasado más oscuro de la política argentina, o Rodolfo Negri, un oportunista sin raíces reales en la comunidad, intentan forzar un escenario de tensión. Pero en Villa Mercedes, esos personajes suenan fuera de tono, como viejos discos rayados en medio de una nueva sinfonía ciudadana.
La gran victoria ya se está gestando antes del día de la elección: Villa Mercedes ha logrado algo extraordinario. Ha convertido el proceso electoral en un espacio de convivencia, libertad y madurez. Ha demostrado que se puede discutir sin agredir, competir sin destruir, y militar sin ensuciar.
Después del 11 de mayo, este fenómeno será un antes y un después en la cultura electoral de San Luis. Y quedará escrito que fue Villa Mercedes —con su gente, sus jóvenes y su ejemplo— la ciudad que abrió una nueva puerta hacia una democracia más humana, más limpia, más digna.