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Por Gustavo Thompson.
Alberto y Adolfo Rodríguez Saá volvieron a moverse pensando en 2027.
Uno reunió al Congreso del PJ; el otro convocó a su tropa en El Volcán bajo una consigna que parece resumir el problema: “Lucha por la Unidad”.
No llegaron a 500 personas en los dos actos.
Después de cuatro décadas en el centro del poder puntano, los hermanos intentan construir futuro con palabras, símbolos y métodos de otra época.
No es un problema de DNI.
Es un problema de software político.
“Lucha por la Unidad”. sentencia Adolfo.
Pocas expresiones podrían sintetizar mejor la contradicción.
Adolfo Rodríguez Saá pretende hablar del futuro de San Luis utilizando una palabra que pertenece al diccionario emocional de la política del siglo XX:
LUCHA.
Lucha.
Batalla.
Combate.
Contienda.
Militancia.
Enfrentamiento.
Resistencia.
Compañeros.
Enemigos.
Victoria.
¿cuál es la guerra preguntan las nuevas generaciones?
Son palabras que atravesaron generaciones enteras de la política argentina y que tuvieron especial potencia durante décadas marcadas por enormes enfrentamientos ideológicos y, en sus extremos más trágicos, por la violencia política (1970).
Pero estamos en 2026.
Y el problema de los Rodríguez Saá empieza precisamente ahí.
NO ES LA EDAD. ES EL LENGUAJE
Alberto y Adolfo son dos dirigentes octogenarios.
Eso, por sí solo, no los invalida para hacer política.
Sería una simplificación absurda.
Hay personas de 80 años capaces de comprender perfectamente el siglo XXI y jóvenes de 30 pensando como dirigentes de 1970.
La discusión es otra.
Alberto y Adolfo parecen haberse quedado políticamente en el mundo analógico, mas allá de sus curriculum de corrupción.
Se nota fundamentalmente cuando hablan.
Mientras las nuevas generaciones hablan de oportunidades, proyectos, innovación, trabajo, ambiente, calidad de vida, tecnología, experiencias y resultados, la vieja política continúa convocándolas a “luchar” y centralizando sus mensajes hablando mal del otro como si ellos fueran carmelitas dezcalsas.
¿Luchar contra quién?
¿Batallar contra quién?
¿Quién es el enemigo?
¿Por qué para construir unidad primero hay que declarar una lucha?
Ahí aparece el cortocircuito generacional.
ADOLFO EN EL VOLCÁN
Adolfo preparó durante semanas su encuentro del 22 de agosto en El Volcán.
Hubo convocatoria provincial, organización, dirigentes movilizando gente y hasta publicaciones promocionando tarjetas para participar.
El encuentro finalmente se realizó mientras, ese mismo sábado, Alberto encabezaba por separado el Congreso Provincial del Partido Justicialista.
Las crónicas que revisamos confirman ambas actividades, aunque no encontramos un conteo independiente que permita afirmar seriamente cuántas personas asistieron a cada una pero, a juzgar por las imagenes que son copncretas en ambos eventos no superaron las 500 personas, un número casi ridículo cuando ser menciona que fue provincial.
Tampoco apareció documentada en las fuentes consultadas aquella demostración multitudinaria capaz de mostrar que los viejos liderazgos recuperaron la calle.
Y eso es políticamente mucho más importante que discutir si fueron 400 o 500.
Los hermanos no consolidan su regreso masivamente, no pueden, no les alcanza.
Porque estamos hablando de dos exgobernadores que dominaron durante décadas la política de San Luis.
ALBERTO EN EL PJ, ADOLFO EN EL VOLCÁN
La fotografía del sábado es extraordinaria.
Los dos hermanos hablan de unidad y llaman a la LUCHA.
Pero se reúnen separados.
Uno desde la estructura formal del PJ.
El otro desde su propia construcción.
Uno hace Congreso.
El otro convoca a El Volcán.
Dos dirigentes que durante décadas representaron prácticamente una misma arquitectura de poder hoy necesitan realizar dos movimientos políticos diferentes el mismo día para demostrar vigencia.
Y Adolfo lo bautiza:
“LUCHA POR LA UNIDAD”.
La contradicción casi no necesita editorial.
Si hay que luchar tanto para conseguir la unidad, quizás la unidad ya no existe.
EL PROBLEMA NO ES EL PASADO
Sería injusto negar lo que representaron.
Adolfo y Alberto Rodríguez Saá atravesaron más de cuarenta años de historia política puntana.
Gobernaron.
Construyeron poder.
Ganaron elecciones.
Transformaron aspectos de la provincia.
Y dejaron también controversias, conflictos y una enorme discusión pendiente sobre el funcionamiento del poder durante esas décadas.
LLevaron al ámbito partidarios lo sproblemas de polñlera y de familia.
Todo eso forma parte de la historia de San Luis.
Pero haber construido el pasado no concede automáticamente el derecho de conducir el futuro.
Ésa es la diferencia que parecen no comprender.
DE LA POLÍTICA ANALÓGICA A LA SOCIEDAD DIGITAL
Hay una transformación que la vieja dirigencia todavía subestima.
El ciudadano cambió.
Antes había comité.
Unidad básica.
Acto.
Colectivo.
Bombos.
Pasacalles.
Discurso.
Militancia.
Y conducción vertical.
Hoy un joven puede conocer a un candidato por un video de 30 segundos.
Puede cuestionarlo inmediatamente.
Puede contrastar lo que dice.
Puede ridiculizar un discurso desde un teléfono.
Puede organizar una comunidad sin pisar jamás una sede partidaria.
Y fundamentalmente:
no necesita sentirse militante para votar.
Ese punto es central.
La vieja política busca militantes.
La política moderna necesita primero conectar con ciudadanos.
No es lo mismo.
LAS NUEVAS GENERACIONES NO QUIEREN IR A LA GUERRA
Cuando un dirigente dice “lucha”, probablemente intenta transmitir esfuerzo, compromiso o perseverancia.
Pero las palabras construyen universos.
Para buena parte de las nuevas generaciones, la política no debería ser una guerra permanente entre buenos y malos.
Quieren resolver cosas.
Una calle.
Una vivienda.
Un empleo.
Una universidad.
Un emprendimiento.
Seguridad.
Ambiente.
Conectividad.
Transporte.
Una ciudad donde quedarse.
No quieren que alguien les entregue un enemigo.
Quieren que alguien les entregue una solución.
Y ahí está probablemente la mayor distancia entre los Rodríguez Saá y el San Luis que viene.
DOS HERMANOS MIRANDO POR EL ESPEJO RETROVISOR
Adolfo habla de lucha.
Alberto vuelve al aparato partidario.
Ambos intentan reorganizar estructuras conocidas.
Pero mientras ellos reconstruyen las herramientas con las que ganaron durante décadas, la sociedad que alguna vez respondió a esas herramientas prácticamente ya no existe.
Los jóvenes que votarán por primera vez en 2027 nacieron alrededor de 2010 y 2011.
No vivieron 1983.
No vivieron los setenta.
No sienten nostalgia por las grandes batallas partidarias.
Muchos ni siquiera recuerdan políticamente los años de mayor esplendor de los Rodríguez Saá.
Pretender seducirlos con la liturgia que emocionaba a sus abuelos es un problema de comunicación.
Pero fundamentalmente es un problema de comprensión del tiempo.
EL SÁBADO DEJÓ UNA FOTOGRAFÍA DEL FIN DE UNA ÉPOCA
Alberto reunió al PJ.
Adolfo reunió a los suyos en El Volcán.
Cada uno buscó demostrar que todavía conserva poder.
Pero quizá involuntariamente demostraron otra cosa:
el viejo poder puntano está fragmentado intentando reconstruirse con las mismas herramientas con las que gobernó durante cuarenta años.
Y mientras tanto, 2027 se acerca.
No será una elección sobre quién tiene más historia.
Será una elección sobre quién interpreta mejor el futuro.
“LUCHA POR LA UNIDAD”
Volvamos al comienzo.
Porque ahí está todo.
No hace falta insultar a Adolfo.
No hace falta discutir su edad.
No hace falta negar su trayectoria.
Basta con escuchar la consigna.
LUCHA POR LA UNIDAD.
Una frase nacida de una concepción política donde todo se organiza alrededor del enfrentamiento.
Pero San Luis necesita otra conversación.
Construir.
Modernizar.
Integrar.
Innovar.
Producir.
Cuidar.
Crecer.
Quizás el gran problema de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá no sea que tengan ochenta años.
EL PROBLEMA ES QUE SU POLÍTICA TAMBIÉN LOS TIENE.
Y ningún lifting electoral puede rejuvenecer una idea que se quedó viviendo en otro siglo.