CARLOS D’ALESSANDRO: DEL ENFRENTAMIENTO AL DIÁLOGO, LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO PERFIL POLÍTICO

CARLOS D’ALESSANDRO: DEL ENFRENTAMIENTO AL DIÁLOGO, LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO PERFIL POLÍTICO

Por Gustavo Thompson.

El dirigente que fue un duro opositor de Claudio Poggi empieza a mostrar otra faceta.

Consolidación Argentina, Dante Gebel, la reforma constitucional y una política basada en el diálogo aparecen como piezas de una transformación que puede posicionarlo dentro de la nueva etapa generacional de San Luis.

Se puede ser opositor pero con diálogo, respeto y convicencia democrática.

La política suele premiar al que grita, al que confronta y al que consigue ocupar durante algunas horas el centro de la escena como lo hacen hoy los octogenarios que buscan guerra y violencia.

Pero existe otra virtud mucho más difícil: saber cambiar sin renunciar a las convicciones.

Y quizás allí esté la transformación más interesante que comienza a mostrar Carlos González D’Alessandro.

Quien durante mucho tiempo fue un fuerte opositor del gobernador Claudio Poggi hoy parece haber entendido que San Luis está ingresando en un momento diferente.

Un tiempo en el que las diferencias pueden continuar existiendo, pero donde la construcción política ya no necesariamente debe realizarse desde la enemistad permanente.

D’Alessandro no necesita convertirse en poggista para dialogar con Poggi, tal como lo hace Maxi Frontera.

Esa diferencia es central.

Porque la madurez democrática consiste precisamente en poder sentarse con quien piensa distinto cuando existen intereses superiores que defender.

EL TIEMPO CAMBIÓ LAS FORMAS

Hubo un D’Alessandro combativo, confrontativo y profundamente crítico del actual gobernador.

Eso forma parte de su historia política.

Pero el dirigente que comienza a aparecer ahora parece diferente.

Más reflexivo.

Más abierto.

Más predispuesto al diálogo.

Y, fundamentalmente, con una mirada que intenta superar la lógica según la cual para construir una identidad política necesariamente hay que destruir al adversario.

Su reciente posición frente a la reforma constitucional impulsada por Poggi es una demostración.

D’Alessandro no entregó un cheque en blanco.

Tampoco cerró la puerta.

Planteó algo bastante más inteligente: si la reforma representa una evolución institucional, fortalece la alternancia, limita las hegemonías y surge del consenso entre diferentes sectores políticos, está dispuesto a discutirla y eventualmente acompañarla.

Eso no significa debilidad.

Significa política.

NO HAY NUEVA GENERACIÓN CON VIEJAS FORMAS

San Luis atraviesa un proceso que excede ampliamente una elección.

Estamos asistiendo lentamente al final de una cultura política construida durante décadas alrededor de liderazgos extremadamente fuertes, verticales y personalistas (los octogenarios, setentistas analógicos).

Y la renovación generacional que viene no puede limitarse simplemente a cambiar nombres jóvenes por nombres viejos.

La verdadera renovación consiste en cambiar las formas.

Podes tener 80 años y estar limpio pero no podes tener 80 años con 40 años de poder en la espalda y con serios antecedentes de corrupcion, Ahí esta la diferencia en materia cronológica.

Si los nuevos dirigentes reproducen intolerancias, personalismos, enfrentamientos eternos y obediencias ciegas, solamente estaremos reemplazando generaciones biológicas.

No culturas políticas.

D’Alessandro parece haber comprendido esa diferencia.

Su nuevo perfil apuesta al diálogo, la paz, el respeto institucional, la espiritualidad que no es religión, y la posibilidad de construir acuerdos aun entre sectores que no piensan igual.

Y eso puede resultar mucho más revolucionario para San Luis que cualquier discurso incendiario.

D´Alessandro es parte de sentarse en una mesa multisectorial que comulgen puntos en común en aras del bienestar general de San Luis.

CONSOLIDACIÓN ARGENTINA Y UNA NUEVA EXPERIENCIA

En paralelo aparece su acercamiento a Consolidación Argentina, el espacio nacional vinculado al liderazgo de Dante Gebel.

Allí también existe una señal política.

Gebel intenta introducir en la discusión pública argentina un lenguaje diferente al tradicional: menos atravesado por las estructuras partidarias históricas y con fuerte énfasis en conceptos como encuentro, esperanza, diálogo y reconstrucción.

Noviembre es la fecha señalada en Velez y diciembre en el interior.

D’Alessandro encuentra en ese espacio una posibilidad de proyectarse nacionalmente sin abandonar su identidad provincial.

Y esto puede colocar al dirigente frente a una oportunidad interesante.

Porque podría comenzar a ocupar un lugar que hoy está prácticamente vacío en San Luis:

el del dirigente independiente capaz de hablar con todos.

Con el Gobierno.

Con la oposición.

Con sectores peronistas.

Con independientes.

Con nuevas expresiones nacionales.

Y especialmente con una generación que ya no necesariamente entiende la política como una guerra.

D’ALESSANDRO NO NECESITA DEJAR DE SER OPOSITOR

Aquí aparece posiblemente la evolución política más importante.

Ser opositor no significa oponerse a absolutamente todo.

Durante demasiado tiempo la Argentina confundió oposición con obstrucción.

Si gobierna mi adversario, rechazo.

Si propone mi adversario, denuncio.

Si construye mi adversario, destruyo.

Esa lógica terminó convirtiendo la política en un sistema donde muchas veces importa más quién presenta una idea que la calidad de esa idea.

El nuevo D’Alessandro parece intentar escapar de esa trampa.

Puede cuestionar a Poggi cuando considere que está equivocado y acompañarlo cuando crea que una decisión beneficia institucionalmente a San Luis pero deja abierta la puerta para que lo llamen y lo persuadan.

Eso es autonomía política.

Y también puede ser una enorme ventaja electoral.

Porque las sociedades comienzan a cansarse de dirigentes programados para decir siempre que sí o siempre que no.

LA REFORMA CONSTITUCIONAL PUEDE SER EL PRIMER GRAN PUENTE

Por eso la discusión constitucional adquiere una dimensión que va mucho más allá del articulado de una Constitución.

Puede convertirse en una prueba de madurez para toda la dirigencia provincial.

Poggi tendrá que demostrar que realmente pretende construir una Constitución que trascienda su propio gobierno.

La oposición tendrá que demostrar que es capaz de participar sin convertir cada discusión en una batalla electoral.

Y dirigentes como D’Alessandro tendrán la oportunidad de ocupar el territorio del medio.

No el de la indefinición.

El del equilibrio.

Acompañar lo que considere bueno.

Rechazar lo que considere malo.

Proponer modificaciones.

Construir consensos.

Y explicar públicamente cada decisión.

SAN LUIS NECESITA PUENTES

Durante décadas nos acostumbramos demasiado a construir trincheras.

Quizás haya llegado el momento de empezar a construir puentes.

Porque la próxima etapa política de San Luis posiblemente no tenga un dueño absoluto.

Será necesariamente más plural.

Más diversa.

Más horizontal.

Mas colectiva.

Y también más generacional.

Allí puede encontrarse el nuevo lugar de Carlos D’Alessandro.

No como aquel dirigente cuya identidad dependía fundamentalmente de contra quién peleaba.

Sino como un dirigente que empieza a definir a favor de qué quiere trabajar.

Hay una enorme diferencia entre ambas cosas.

La primera construye adversarios.

La segunda construye futuro.

D’Alessandro parece estar atravesando precisamente esa transformación.

Del enfrentamiento al diálogo.

De la confrontación permanente a la búsqueda de consensos.

De la política entendida como guerra a la política entendida como herramienta.

Y quizás la fotografía política más interesante no sea verlo algún día abrazado a Claudio Poggi.

Algunos ya los vieron abrazado en un velatorio de una legisladora muy conocida.

La verdadera fotografía de esta nueva etapa sería otra:

D’Alessandro sentado frente a Poggi, pensando distinto, conservando su independencia y siendo capaz, aun así, de ponerse de acuerdo en aquello que resulte bueno para San Luis.

Eso sería mucho más que una reconciliación política.

Sería una señal de época.

Porque cuando una generación política comienza a retirarse, la pregunta no es solamente quiénes vienen.

La pregunta verdaderamente importante es:

¿CÓMO VIENEN?

Y el nuevo Carlos D’Alessandro parece haber elegido una respuesta:

con diálogo, respeto, apertura y la decisión de construir sin necesidad de destruir al que piensa diferente.

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