Por Gustavo Thompson.
Texto para celular…
Hay algo más grave que la corrupción.
– la resignación
Cuando una sociedad deja de discutir ideas, proyectos o futuro, y empieza a discutir quién roba menos, el problema ya no es de los dirigentes.
– es estructural
En Argentina —y particularmente en San Luis— se está instalando un relato peligroso:
no gana el mejor,
no gana el que propone,
no gana el que sueña.
– gana el que parece menos corrupto
La política dejó de competir por esperanza
y pasó a competir por daño controlado
En ese escenario, tanto oficialismos como oposiciones —con sus matices— terminan atrapados en la misma lógica: administrar la desconfianza
Y ahí es donde aparece una clave que explica todo.
El historiador Yuval Noah Harari lo dijo con precisión quirúrgica: “La capacidad de crear una realidad imaginada y hacer que muchos crean en ella es lo que permite a los humanos cooperar en grandes números.”
La política, en esencia, es eso:
– construir un relato colectivo
– una idea de futuro
– un sueño compartido
Cuando ese relato desaparece…
– la sociedad se apaga
Hoy, millones de argentinos ya no votan con ilusión.
Votan con resignación.
Y otros directamente no votan.
El dato no es menor: apenas la mitad participa activamente
Y ese número tiende a caer.
¿Por qué?
Porque sin un sueño colectivo…
– nadie se mueve
Esto no es solo política.
Es humano.
Una persona sin motivación no se levanta de la cama.
Una sociedad sin esperanza no se levanta a votar.
En San Luis, el fenómeno empieza a tomar forma concreta.
La disputa política, lejos de elevarse, se achata.
Se vuelve mínima.
Ya no se debate:
-
qué provincia queremos
-
qué modelo productivo
-
qué futuro construir
Se debate: quién roba menos
Y ese es el verdadero drama.
Porque cuando la vara es tan baja…
– todos pierden
El oficialismo intenta sostener gobernabilidad mostrando orden.
La oposición intenta capitalizar errores mostrando denuncias.
Pero ninguno —al menos hasta ahora— logra instalar algo más profundo: un horizonte
Sin horizonte, no hay épica.
Sin épica, no hay movilización.
Sin movilización, no hay transformación.
Y entonces aparece el círculo perfecto de la decadencia:
-
desconfianza
-
apatía
-
baja participación
-
más mediocridad política
El problema no es solo la corrupción.
– es la falta de un relato que la supere
Porque la gente no sigue a quien roba menos.
sigue a quien la hace creer en algo mejor
San Luis —como la Argentina— está ante una disyuntiva silenciosa pero determinante: seguir administrando la desilusión
o animarse a construir una nueva ilusión colectiva
Cuando la política deja de ofrecer sueños…
la sociedad deja de creer.
