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Por Gustavo Thompson.
En política hay errores que no son nuevos.
Son repetidos.
Y cuando se repiten, dejan de ser errores para convertirse en síndromes.
San Luis ya vivió uno: el del silencio frente a las advertencias,
el de la soberbia frente al reclamo,
el de sostener funcionarios cuestionados aun cuando el desgaste era evidente.
Ese fue el camino que transitó Alberto Rodríguez Saá, y la historia terminó como terminan todas las historias donde el poder decide no escuchar: pagando costos políticos que pudieron evitarse.
Hoy, con otro signo político, la provincia vuelve a encender alarmas.
El gobernador Claudio Poggi enfrenta un escenario que empieza a mostrar similitudes preocupantes.
No por los nombres.
No por las formas.
Sino por la lógica.
Cuando los cuestionamientos a la gestión empiezan a concentrarse en funcionarios, cuando aparecen polémicas en torno a áreas sensibles, cuando la percepción social comienza a girar en torno a falta de control, desprolijidad o sospechas, el problema deja de ser individual.
– pasa a ser político
El punto no es si los señalamientos son justos o injustos.
El punto es otro: qué hace el poder frente a esos señalamientos
San Luis ya aprendió —a un costo alto— que no reaccionar a tiempo es, en sí mismo, una decisión política.
Y muchas veces, la peor.
Las comparaciones no son caprichosas.
Surgen porque la sociedad empieza a percibir patrones:
-
funcionarios que generan ruido
-
áreas bajo observación
-
explicaciones que no alcanzan
-
y una conducción que aún no toma decisiones contundentes
El recuerdo de lo que ocurrió en la etapa final del ciclo anterior no es un detalle menor.
Es una advertencia.
Porque cuando el poder se encierra, cuando minimiza los conflictos o los subestima, lo que crece no es la estabilidad…
– es el desgaste
Gobernador, la historia no se repite por casualidad.
Se repite cuando no se la interpreta.
San Luis no está pidiendo escándalos, ni confrontaciones, ni gestos para la tribuna.
Está pidiendo algo mucho más simple y mucho más difícil: decisiones y desde adentro lo están haciendo detonar.
Decidir es incomodar.
Decidir es ordenar.
Decidir es, muchas veces, cortar por lo sano.
La pregunta que hoy flota en el clima político no es menor: ¿se va a corregir a tiempo o se va a repetir el camino que ya conocemos?
Porque en política hay algo que no falla nunca: el problema que no se resuelve… crece
Y cuando crece demasiado, ya no se corrige.
– se paga