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Por primera vez desde 2005, el macrismo fue derrotado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y lo más paradójico: perdió a manos de quienes lo usaron de trampolín para llegar al poder.
Durante dos décadas, el PRO fue sinónimo de poder en la Ciudad de Buenos Aires. Desde la llegada de Mauricio Macri en 2007, pasando por Horacio Rodríguez Larreta y una maquinaria electoral aceitada, el partido amarillo supo construir una hegemonía política inédita. Pero esa era terminó el 18 de mayo de 2025. Y no fue la oposición tradicional la que dio el golpe final: fue su propio aliado, Javier Milei.
En una elección marcada por la apatía (con más del 45% de abstención), La Libertad Avanza se alzó con el primer lugar, obteniendo el 30,1% de los votos, y relegando al PRO —con Silvia Lospennato como candidata— a un histórico y doloroso 15,9%. El peronismo, con Leandro Santoro, quedó segundo con 27,3%.
Cuando el aprendiz devora al maestro
El dato no es menor. Hace apenas unos meses, el PRO fue el vehículo que le permitió a Milei llegar a la Presidencia, cediéndole fiscalización, estructura y votos en el balotaje. Pero la alianza no duró mucho. Ya instalado en el poder, Milei prescindió de sus viejos socios y empezó a ocupar sus espacios con una narrativa más radical, más directa, más emocional.
El votante porteño, que alguna vez creyó en la “revolución de la alegría”, hoy elige la motosierra. El pragmatismo, la distancia tecnocrática y la moderación larretista quedaron obsoletos frente a un discurso de confrontación y épica libertaria.
¿El fin del PRO o un llamado de atención?
Lo sucedido en Buenos Aires no es solo una derrota: es el derrumbe de un modelo. El PRO, que alguna vez fue sinónimo de gestión, modernidad y eficiencia, hoy aparece como una fuerza sin identidad, sin liderazgo, sin relato. Pagó el precio de su ambigüedad, de su alianza sin principios y de su incapacidad para reinventarse.
La paradoja es brutal: quienes lo impulsaron al poder nacional, hoy lo desangran en su propio bastión. Y el electorado porteño, siempre atento al pulso de lo nuevo, le dio la espalda sin dudar.
El futuro ya no está en amarillo
Lo que viene es incierto. La Libertad Avanza todavía no tiene estructura sólida, pero tiene algo que el PRO perdió: conexión emocional con el votante. Si el macrismo no logra repensarse, pasará de ser fuerza dominante a ser apenas un recuerdo nostálgico del siglo pasado.
Porque la historia no tiene piedad con los que dudan. Y la política, menos aún con los que ceden sin luchar.