Luis Lusquiños ayer, Maxi Frontera hoy: el hombre político que Poggi todavía no termina de comprender

Luis Lusquiños ayer, Maxi Frontera hoy: el hombre político que Poggi todavía no termina de comprender

Por Gustavo Thompson.

En política hay dirigentes visibles y dirigentes imprescindibles.

Los visibles hablan, aparecen, hacen ruido y ocupan escenarios.

Los imprescindibles ordenan, contienen, articulan, sostienen y construyen poder real.

En la historia política de San Luis hubo un hombre que cumplió exactamente ese rol dentro del esquema de los hermanos Rodríguez Saá: Luis Bernardo Lusquiños. Silencioso, estratégico, inteligente y profundamente político, Lusquiños fue durante décadas el verdadero ordenador del poder puntano, el hombre que articulaba consensos, contenía tensiones y protegía la estructura política mientras otros se llevaban los flashes.

No era el caudillo visible, era algo mucho más importante: el cerebro organizador de una etapa histórica.

Y quizás el problema más grande que hoy tiene Claudio Poggi es no haber comprendido todavía que en esta nueva etapa política el hombre que cumple ese rol se llama Maximiliano Frontera, lo que es seguro es que lo entiende y parece que algo no le cierra y Villa Mercedes observa atentamente.

San Luis atraviesa un momento de enorme orfandad política.

Sobran funcionarios administrativos, técnicos, «comunicadores» y gerentes de gestión con bastante tufillo al interés por la guita más que hablar de vocación de servicio y bien común, pero faltan hombres políticos de verdad.

Faltan armadores. Faltan dirigentes capaces de entender el humor social, ordenar territorialidad, construir consensos y sostener gobernabilidad sin necesidad de entrar permanentemente en confrontación.

Y allí aparece Frontera como una figura distinta. Porque mientras muchos miran la política desde la tribuna o desde escritorios de Terrazas del Portezuelo, Maxi la construye en la calle, en el territorio y desde una lógica profundamente humana del poder, con pluralidad, diálogo, paz, prudencia y sabiendo escuchar lo que dice, piensa y hace la gente.

La comparación con Lusquiños no es casual ni caprichosa.

Lusquiños fue el hombre que sostuvo el equilibrio interno del rodriguezsaísmo durante décadas porque entendía algo fundamental: el poder no se grita, se ordena.

Y Frontera hoy parece representar exactamente eso dentro de una nueva generación política que entiende la Argentina que viene. No necesita sobreactuar liderazgo porque construye liderazgo naturalmente. No necesita confrontar todos los días porque comprende que la política moderna requiere diálogo, equilibrio y articulación. Y fundamentalmente, tiene algo que hoy escasea en la política argentina: capacidad de interpretar lo que siente la gente.

Mientras gran parte de la dirigencia sigue atrapada en las viejas formas analógicas de construcción política, Frontera parece entender el nuevo tiempo histórico. Comprende que las nuevas generaciones no aceptan verticalismos absurdos, que la política ya no puede manejarse desde el miedo y que la legitimidad hoy se construye desde la cercanía, la gestión y la escucha social. Allí radica el verdadero valor político de Maxi Frontera y también el enorme error que podría cometer Claudio Poggi si no termina de advertirlo a tiempo porque Frontera no esta solo y su intención de acompañar a Poggi es real pero comienza a sentir que su gente esta incómoda y le dice que el ida y vuelta no es justo, la gente de Frontera le dice que Poggi, con ellos, tiene asegurada su reelección, es lógico que, desde ahora se construya la continuidad después del 2031, es momento de gestos y acuerdos con CERTEZA y lo único que se observa es lo que precisamente hizo Alberto y le fue mal.

El Gobernador hoy tiene liderazgo institucional, pero claramente carece de un gran ordenador político alrededor suyo. Le falta un Lusquiños. Le falta un hombre que piense políticamente la provincia, que cuide la gobernabilidad, que ordene el territorio y que interprete el nuevo tiempo político que atraviesa San Luis, la Argentina y el mundo. Y ese hombre parece estar delante de sus ojos. Un Ministro de Gobierno a la altura de las circunstancias.

La política no se sostiene solamente desde la administración. La gestión sola no alcanza. Los procesos de poder duraderos necesitan conducción, articulación y construcción territorial permanente.

Los Rodríguez Saá entendieron eso durante cuarenta años y por eso tuvieron un Lusquiños.

Hoy Poggi enfrenta una etapa completamente distinta, mucho más compleja y fragmentada, donde las viejas estructuras partidarias están destruidas y donde el poder requiere otra sensibilidad.

Por eso Frontera se vuelve tan importante. Porque no es solamente un intendente exitoso. Es posiblemente el dirigente que mejor interpreta el nuevo lenguaje político y social de San Luis y si Poggi no lo valora como tal, repetimos, no es Maxi, su gente ya le estaría pidiendo encaminar otras oportunidades.

Y aquí aparece la advertencia política más fuerte: si Poggi no comprende a tiempo que Frontera es el hombre clave de la nueva etapa, puede terminar perdiendo el Santo Grial de la política moderna en San Luis.

Porque dirigentes con legitimidad territorial, capacidad de gestión, construcción humana y visión política no abundan. Mucho menos en tiempos donde la política atraviesa una crisis de representación gigantesca.

Luis Lusquiños fue el ordenador político de una época. Maxi Frontera puede ser el arquitecto político de la nueva etapa provincial, no esta para que lo dejen en el banco, es muy grosera la intención. La diferencia es que los Rodríguez Saá entendieron rápidamente el valor estratégico de Lusquiños.

La gran incógnita es si Claudio Poggi logrará comprender a tiempo el valor político de Frontera o si terminará dejando pasar la oportunidad más importante de construcción de poder genuino que tiene delante suyo.

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