Poggi le contestó a Adolfo y enterró el pasado: el verdadero debate que se abre en San Luis

Poggi le contestó a Adolfo y enterró el pasado: el verdadero debate que se abre en San Luis

Por Gustavo Thompson.

La última aparición pública del gobernador Claudio Poggi dejó algo más que una respuesta a las críticas de Adolfo Rodríguez Saá.

En realidad, expuso un debate mucho más profundo: la disputa entre dos formas de entender el poder, la política y el futuro de San Luis.

Durante décadas, la política puntana giró alrededor de nombres propios.

Los liderazgos de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá marcaron una época, construyeron un modelo de provincia y dejaron una huella imposible de ignorar.

Pero el tiempo pasó.

El mundo cambió.

La economía cambió.

La tecnología cambió.

La sociedad cambió.

Un Peter Thiel esta radicado en la Argentina, ese simple hecho lo deja muy lejos de la realidad a dos hombres octogenarios formados en otro tiempo.

Y es precisamente allí donde Poggi parece haber decidido dar un paso que durante mucho tiempo evitó: dejar de discutir personas para comenzar a discutir épocas.

La Argentina comienza a discutir la SOCIEDAD NO HUMANA, no es algo menor, al contrario, es prioridad.

Cuando el gobernador habla de mirar hacia adelante y no volver al pasado, no está solamente respondiendo a Adolfo Rodríguez Saá.

Está planteando una definición política que excede a los protagonistas actuales.

Está diciendo que los problemas de 2026 no pueden resolverse con las recetas de 1996 ni de 2006.

La discusión, entonces, deja de ser Poggi contra Adolfo.

La verdadera discusión es pasado contra futuro.

Este fenómeno no es exclusivo de San Luis.

San Luis debe hablar de SOBERANIA DIGITAL y controlar los algoritmo propios.

Está ocurriendo en toda la Argentina.

El ascenso de Javier Milei, más allá de las simpatías o rechazos que genere, fue precisamente la consecuencia de una sociedad que comenzó a cuestionar a las dirigencias tradicionales con relatos setentistas imposibles de digerir en las nuevas generaciones.

No importó si eran oficialistas u opositoras.

La ciudadanía Argentina decidió castigar a quienes consideraba parte de un sistema agotado y tremendamente corrupto imposible olvidar.

En San Luis ocurre algo parecido.

Los hermanos Rodríguez Saá continúan siendo figuras de enorme peso político e histórico.

Sin embargo, cada vez que reaparecen en escena se enfrentan a una realidad incómoda: ya no discuten con sus adversarios de hace veinte años. Deben hacerlo frente a una sociedad completamente distinta que no puede explicar como hicieron la fortuna que tienen. Hablan para afuera dando falsos ejemplos pero no desnudan sus miserias humanas cargadas de promiscuidad, adicciones y corrupción.

Las nuevas generaciones no tienen recuerdos emocionales de las grandes obras de los años noventa ni de los éxitos de principios de siglo, tampoco saben la letra fina del San Luis del pasado, mejor que no la sepan.

Por eso la respuesta de Poggi adquiere relevancia política, lo que todos esperaban, ALEJARSE DE LOS OCTOGENARIOS.

Porque por primera vez en mucho tiempo parece haber comprendido que el principal adversario electoral no es una persona, sino una narrativa prehistorica.

La narrativa de que el pasado puede volver a resolver los problemas del presente.

¿Qué puede plantearle Adolfo Rodriguez Saá a Peter Thiel por ejemplo?.

La pregunta es si los puntanos están dispuestos a regresar a ese modelo o si prefieren construir una nueva etapa.

En ese contexto aparece otro dato que la dirigencia provincial observa con atención: el crecimiento de una generación intermedia de dirigentes que no pertenece ni al poggismo original ni al viejo rodriguezsaismo.

Es momento de respetar y considerar los sondeos previos. Desde luego emocionales, no cuantitativos o racionales.

Intendentes, legisladores, referentes sociales y dirigentes territoriales comienzan a ocupar espacios que antes estaban reservados para liderazgos históricos.

La política provincial está atravesando una transición generacional silenciosa, pero irreversible.

Por eso la entrevista de Poggi no fue solamente una respuesta a Adolfo Rodríguez Saá.

Fue una señal política.

Una señal de que la elección de 2027 podría dejar de ser una disputa entre nombres para transformarse en una discusión mucho más profunda: quién interpreta mejor el tiempo que viene.

¿PASADO O FUTURO?

Y en política, cuando una sociedad empieza a discutir el futuro en lugar de la nostalgia, los liderazgos históricos suelen descubrir que el principal rival no es otro dirigente.

Es el paso del tiempo.

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