EL MARTES DE LA VERDAD: MAXI FRONTERA SE SOMETE A LA AUDITORÍA MÁS DIFÍCIL, LA DE LA GENTE

EL MARTES DE LA VERDAD: MAXI FRONTERA SE SOMETE A LA AUDITORÍA MÁS DIFÍCIL, LA DE LA GENTE

Por Gustavo Thompson.

En política existen las encuestas, los focus groups, los consultores y las estrategias de comunicación.

Sin embargo, hay una prueba que sigue siendo irremplazable: la capacidad de convocatoria genuina.

Y precisamente a eso parece haber decidido someterse Maximiliano Frontera.

Nada es casual en política.

Los tiempos de reacomodamiento comenzaron en San Luis y los liderazgos empiezan a mostrar sus cartas.

Mientras algunos sectores continúan mirando hacia atrás, otros intentan construir el futuro desde el territorio, el diálogo y la cercanía con la gente.

Durante años, Frontera desarrolló en Villa Mercedes una construcción política quirúrgica.

Sin estridencias.

Sin confrontaciones innecesarias.

Sin dividir.

Con profunda defensa de la identidad.

Maxi fue perforando barreras históricas mediante el diálogo, la persuasión y la convivencia democrática.

Habló con comerciantes, empresarios, trabajadores, profesionales, jóvenes, instituciones, clubes, credos religiosos y vecinos de todos los sectores sociales.

Bajo una consigna sencilla pero poderosa: «Primero Villa Mercedes».

Una idea primera como la recuperación de SIMBOLOS que trascendió los partidos políticos para convertirse en una identidad colectiva.

Por eso lo que ocurrirá este martes no será un acto más.

Será una verdadera auditoría política.

Una auditoría realizada no por consultores, ni por dirigentes, ni por operadores políticos.

Una auditoría realizada por la gente.

Maximiliano Frontera asumirá la presidencia del Movimiento Unidad Provincial (MUP) y decidió hacerlo de una manera poco frecuente en la política argentina: convocando a los vecinos sin aparatos, sin obligaciones y sin condicionamientos.

Con la mano en el corazón.

Con humildad.

Apelando al sentimiento mercedino.

Apelando al amor por Villa Mercedes.

En tiempos donde la política parece medir todo en estructuras, recursos y logística, Frontera eligió medirse a sí mismo frente a la ciudadanía.

La pregunta que subyace detrás de la convocatoria es tan simple como contundente: ¿Hice las cosas bien o me equivoqué?

Y la respuesta no la darán los discursos.

La dará la presencia de la gente.

La dará cada vecino que decida acercarse voluntariamente.

La dará cada familia que entienda que el desafío excede a una persona y se transforma en un desafío colectivo.

Porque el propio Frontera lo adelantó a sus colaboradores: «Me voy yo, pero nos vamos todos».

Una frase que encierra una definición profunda de liderazgo.

No se trata solamente de su futuro político.

Se trata del futuro de una construcción colectiva que durante años apostó por la paz social, el diálogo institucional, el respeto, la prudencia, el valor de la palabra, la convivencia democrática y el desarrollo de Villa Mercedes.

El desafío es enorme. ¿Irá mucha o poca gente?, la pregunta del millón.

Porque en la actualidad ningún dirigente político de San Luis parece estar dispuesto a poner en juego su capital político de esta manera.

Muchos prefieren hablar de poder.

Pocos se animan a medirlo.

La historia reciente demuestra que las convocatorias espontáneas son cada vez más difíciles.

La sociedad se volvió escéptica, exigente y distante de la política tradicional.

Por eso el martes será mucho más que una asunción partidaria.

SE LEVANTA EL ESPIRITU DE VILLA MERCEDES. Va mas allá de lo partidario.

Será una radiografía de la relación entre un dirigente y su comunidad.

Será una fotografía de la fuerza real de una idea.

Y será, posiblemente, uno de los acontecimientos políticos más observados de los últimos años en Villa Mercedes y la provincia.

Porque cuando la convocatoria nace desde el corazón de una ciudad y no desde una estructura, los resultados son imprevisibles.

El martes nadie sabrá exactamente cuántos asistirán.

Ni siquiera el propio Maximiliano Frontera.

Pero justamente allí reside la importancia del hecho.

Porque no se trata de contar personas.

Se trata de medir afecto, confianza, credibilidad y pertenencia.

Y cuando una comunidad responde por voluntad propia, por amor a su ciudad y por convicción, la política deja de ser un aparato para transformarse en un sentimiento.

El martes hablará Villa Mercedes.

¿Y lo hará con su presencia?.

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