¿Se sumará Maxi Frontera?, La pregunta que empieza a desvelar al peronismo de San Luis

¿Se sumará Maxi Frontera?, La pregunta que empieza a desvelar al peronismo de San Luis

Por Gustavo Thompson.

La posibilidad de una reunificación del peronismo sanluiseño entre Adolfo Rodríguez Saá y Alberto Rodríguez Saá abre una nueva etapa política en la provincia. Después de años de enfrentamientos, heridas internas y operaciones cruzadas, los dos históricos líderes comienzan a enviar señales públicas de acercamiento.

Sin embargo, en el centro del tablero aparece un nombre que hoy se transforma en la verdadera llave del futuro político del justicialismo: Maximiliano Frontera.

Y allí nace la pregunta del millón: ¿se sumará Maxi Frontera a una eventual unidad entre los hermanos Rodríguez Saá?

La respuesta no parece sencilla.

Mucho menos automática.

Porque si bien Adolfo y Alberto entienden que sin Villa Mercedes no hay posibilidad real de reconstrucción electoral, también saben que Maxi Frontera no es un dirigente más.

Hoy es uno de los intendentes con mayor volumen político de la provincia, con estructura, gestión, territorialidad y, sobre todo, legitimidad propia construida lejos de las viejas lógicas del verticalismo.

Pero además existe un dato central que el peronismo histórico no puede ignorar: el daño político y personal que Alberto Rodríguez Saá le provocó a Villa Mercedes y particularmente a Maxi Frontera durante los últimos años fue profundo.

La relación entre Alberto y Frontera terminó marcada por tensiones, destratos políticos, intentos de disciplinamiento y una permanente disputa por el control territorial de la ciudad.

Villa Mercedes sintió durante años que el poder provincial miraba con recelo el crecimiento político de Frontera, quien fue consolidándose como un dirigente con identidad propia, capacidad de gestión y fuerte respaldo popular, hoy con partido provincial y nacional propio.

En ese contexto, la figura de Claudio Poggi terminó ocupando un lugar inesperado pero determinante.

Poggi entendió rápidamente el peso político de Frontera y construyó con él una relación basada en el respeto institucional, el reconocimiento mutuo y la convivencia política.

No fue casualidad que, aun perteneciendo a espacios distintos, ambos lograran desarrollar una articulación madura y eficiente que hoy tiene resultados concretos para Villa Mercedes. Frontera logró con Poggi todo lo que Alberto no quería ceder para Villa Mercedes.

La excelente relación entre Poggi y Frontera no es solamente política: es también estratégica.

Ambos comprenden que la sociedad sanluiseña está cansada de las guerras eternas, octogenarias y analógicas, de los gritos, de las venganzas internas y de las viejas disputas de poder.

En esa lógica, Frontera aparece hoy más cerca de una construcción moderna, pragmática y de gestión que de una vuelta al pasado.

Por eso, cualquier intento de seducir políticamente a Maxi deberá atravesar primero un obstáculo emocional y político enorme: la memoria.

Porque en política las heridas cicatrizan, pero no desaparecen.

El eventual acercamiento entre Adolfo y Alberto puede tener impacto simbólico dentro del peronismo tradicional, pero incorporar a Frontera requeriría mucho más que una foto de unidad. Muerto Perón, Frontera es su propia conducción.

Implicaría reconstruir confianza, reconocer errores del pasado y entender que el escenario cambió definitivamente. En definitiva, Frontera de hablar con los octogenarios y analógicos es para que hagan un paso al costado y dejen a las nuevas generaciones en el poder.

Además, hay otro elemento clave: Maxi Frontera ya no necesita tutelajes políticos.

Construyó autonomía, liderazgo territorial y volumen propio.

Hoy negocia desde otro lugar, es prudente y sabe manejar los tiempos como ninguno.

En el fondo, el interrogante no es solamente si Frontera se sumará o no a una unidad peronista.

La verdadera discusión es otra: ¿está dispuesto el viejo peronismo de San Luis a aceptar una nueva conducción compartida, moderna y horizontal?

Porque quizá el tiempo político de las órdenes y los gritos ya terminó.

Y en Villa Mercedes, eso hace rato que se entendió.

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