ALBERTO VA POR POGGI: ACUSA, EXIGE MEA CULPA Y ASEGURA UN REGRESO DE FRONTERA QUE HOY NO EXISTE

ALBERTO VA POR POGGI: ACUSA, EXIGE MEA CULPA Y ASEGURA UN REGRESO DE FRONTERA QUE HOY NO EXISTE

Por Gustavo Thompson.

Alberto Rodríguez Saá vuelve a caminar silenciosamente San Luis buscando reconstruir el poder perdido.

En conversaciones políticas atribuye durísimas acusaciones a Claudio Poggi y transmite que Maximiliano Frontera terminará regresando al PJ.

La Línea fue directamente a la fuente: Frontera descarta esa posibilidad mientras el partido siga conducido por los Rodríguez Saá.

Pero detrás de esta historia aparece otro problema político: las vacilaciones de Poggi para terminar de cerrar un acuerdo estratégico con el intendente de Villa Mercedes están dejando espacios abiertos que el viejo poder intenta aprovechar.

Hay movimientos políticos que se anuncian con actos multitudinarios.

Otros se construyen en silencio.

Alberto Rodríguez Saá eligió el segundo camino.

El exgobernador y actual presidente del Partido Justicialista recorre, conversa, recibe dirigentes y trata de reconstruir una estructura que le permita volver a colocar al viejo PJ en condiciones de disputar el poder provincial.

Hasta ahí, absolutamente legítimo.

Lo que sorprende es el lenguaje.

Según información recogida por La Línea a partir de conversaciones con personas que han mantenido encuentros políticos con Rodríguez Saá, cuando Alberto habla del gobernador Claudio Poggi utiliza una expresión extrema:

“Hay que sacar a ese ladrón”.

La Línea no hace propia semejante acusación ni posee elementos que permitan calificar de esa manera al Gobernador.

Si Alberto Rodríguez Saá posee pruebas de delitos cometidos por Poggi, corresponde que las presente ante la Justicia.

De lo contrario, estamos frente a una descalificación política de enorme gravedad proveniente de un cuatro veces gobernador de San Luis.

Pero quizás lo más interesante de estas conversaciones no sea siquiera lo que Alberto dice de Poggi.

Es lo que dice de Maximiliano Frontera.

ALBERTO ASEGURA QUE FRONTERA VA A VOLVER AL PJ

Rodríguez Saá transmite entre sus interlocutores una certeza:

Maxi Frontera finalmente regresará al Partido Justicialista.

La Línea decidió hacer lo más sencillo.

Preguntárselo a Frontera.

Y la respuesta obtenida del intendente de Villa Mercedes es diametralmente opuesta:

no existe posibilidad alguna de regresar al PJ mientras Alberto Rodríguez Saá continúe presidiéndolo.

Entonces conviene establecer las cosas como son.

Una cosa es lo que Alberto desea.

Otra, lo que Alberto transmite.

Y otra muy distinta es lo que piensa Frontera.

Hoy esas tres cosas no coinciden.

¿QUÉ TENDRÍA QUE OCURRIR PARA QUE FRONTERA SIQUIERA PENSARA EN VOLVER?

Acá aparece una cuestión política mucho más profunda.

Después de todo lo ocurrido durante estos años, difícilmente Frontera pueda regresar al PJ golpeando la puerta, pidiendo permiso y haciendo el “mea culpa” que Alberto reclama a quienes abandonaron el partido.

Si alguna vez existiera una posibilidad de reconstrucción, la escena debería ser exactamente al revés.

No tendría que ser Frontera quien vaya detrás de los Rodríguez Saá.

Tendrían que ser los Rodríguez Saá quienes fueran al despacho del intendente de Villa Mercedes.

Y no para ofrecerle un cargo.

Ni para imponerle condiciones.

Ni para pedirle arrepentimiento.

Para hacer algo mucho más difícil en política:

reconocer.

Reconocer que Frontera construyó poder propio.

Reconocer que Villa Mercedes desarrolló una experiencia política autónoma.

Reconocer que logró sostener un espacio que ya no necesita de la bendición del viejo poder provincial para existir.

Reconocer que alrededor suyo se construyó una dirigencia nueva.

Y reconocer, fundamentalmente, que el peronismo puntano no pertenece a una familia.

Ese gesto sí podría abrir una conversación.

Porque sería un acto de grandeza.

Todo lo demás sería pretender que la historia retroceda.

EL MUP ESTÁ A PUNTO DE MOSTRAR SUS CARTAS

Y Alberto debería mirar con mucha atención lo que está por ocurrir en Villa Mercedes.

Frontera se prepara para convocar un nuevo Congreso del Movimiento Unidad Provincial (MUP).

Pero esta vez existe una particularidad política:

será una convocatoria propia del MUP.

Sin necesidad de esconderse detrás de otras estructuras.

Sin pedir prestado poder territorial.

Será la oportunidad de medir qué construyó verdaderamente Frontera.

La expectativa de sus organizadores es que la convocatoria sea incluso superior a la anterior y que constituya una demostración masiva de territorialidad.

Si eso ocurre, el mensaje político será contundente.

Frontera no estará mostrando solamente capacidad electoral.

Estará demostrando algo muchísimo más importante de cara a 2027:

capacidad de movilización propia.

Y quien tiene votos, territorio, organización y conducción no regresa a ningún partido de rodillas.

Negocia de pie.

¿POR QUÉ ENTONCES APARECEN VERSIONES SOBRE EL REGRESO DE FRONTERA?

Acá llegamos a una parte incómoda de esta historia.

Las versiones no aparecen solamente por los deseos de Alberto Rodríguez Saá.

También encuentran espacio porque el escenario político que debería estar definitivamente ordenado todavía no terminó de ordenarse.

Y allí aparece Claudio Poggi.

Frontera le ha dado al Gobernador durante estos años gestos políticos suficientes para demostrar voluntad de construir un proyecto provincial común.

Hubo acompañamiento.

Hubo acuerdos institucionales.

Hubo convivencia.

Hubo señales políticas.

Hubo palabra y respeto.

Y fundamentalmente hubo una comprensión compartida:

San Luis necesita comenzar a mirar más allá de los liderazgos que dominaron la provincia durante cuatro décadas.

Sin embargo, Poggi todavía no termina de cerrar políticamente ese gran acuerdo.

POGGI TIENE QUE TRANSFORMAR LOS GESTOS EN CERTEZA

Ese puede convertirse en uno de los principales errores estratégicos del Gobernador.

Poggi analiza.

Espera.

Mide.

Consulta.

Demora.

Genera dudas y abre oportunidades a los octogenarios.

Y mientras la política espera una definición, los demás ocupan el espacio vacío.

Alberto Rodríguez Saá aprovecha ese vacío para decir que Frontera volverá al PJ.

Otros especulan con candidaturas.

Otros imaginan rupturas.

Otros intentan seducir dirigentes.

Porque la política detesta el vacío.

Y cuando una conducción no transmite certeza, inmediatamente aparecen diez interpretaciones diferentes.

Poggi tiene delante suyo una oportunidad histórica.

No necesita incorporar a Frontera como subordinado.

Necesita algo bastante más inteligente:

reconocerlo como socio estratégico de una nueva etapa provincial.

Porque Frontera tampoco necesita que Poggi le conceda existencia política.

Ya la construyó solo y sabe perfectamente donde esta parado y hace gala de prudencia, respeto y sabio manejo de los tiempos.

EL GRAN ACUERDO QUE TODAVÍA FALTA

San Luis puede estar frente a una oportunidad generacional extraordinaria.

El fin de los octogenarios, analógicos y setentistas.

De un lado permanece una dirigencia que gobernó la provincia durante décadas y que continúa recurriendo a categorías políticas construidas en otro tiempo.

Lucha.

Enemigos.

Traidores.

Lealtades eternas.

Arrepentimientos.

Mea culpa.

Expulsiones.

Regresos.

Una cultura política formada bajo la lógica del enfrentamiento.

Del otro lado existe la posibilidad de construir una etapa distinta.

Más horizontal.

Más pragmática.

Más digital.

Menos emocionalmente dependiente de los apellidos.

Más concentrada en administrar, producir, educar, generar empleo y preparar San Luis para los próximos treinta años.

Ahí deberían encontrarse Poggi y Frontera.

No para repartirse cargos.

Para diseñar una transición generacional.

2027 reelección, 2031 clara transición generacional.

LOS OCTOGENARIOS NO SON EL PROBLEMA POR SU EDAD

Conviene insistir con esto porque la discusión no puede caer en una discriminación absurda.

El problema de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá no es tener alrededor de ochenta años.

Una persona puede tener ochenta años y poseer ideas extraordinariamente modernas.

El problema es cuando la política permanece anclada en categorías culturales de hace medio siglo.

Cuando todavía necesita adversarios convertidos en enemigos.

Cuando habla de “lucha” para convocar a la unidad.

Cuando exige arrepentimiento para permitir regresar.

Cuando interpreta cualquier liderazgo autónomo como una traición.

Cuando considera que renovar significa cambiar algunos nombres pero conservar intacto el sistema de obediencia.

Eso es lo verdaderamente antiguo.

No la edad biológica: la edad de las ideas.

ALBERTO QUIERE QUE TODOS REGRESEN, PERO ÉL NO QUIERE MOVERSE UN CENTÍMETRO

Ahí está la contradicción.

Alberto proclama:

“Tenemos que volver todos”.

Pero su concepto de regreso parece tener una condición:

todos deben volver hacia él.

Frontera debe volver.

Los que se fueron deben volver.

Los expulsados deben volver.

Los desencantados deben volver.

Y además deberían hacer mea culpa.

Extraordinariamente, en esa reconstrucción parece existir una única persona que jamás necesita regresar de ningún lugar porque jamás reconoce haberse equivocado:

Alberto Rodríguez Saá.

Eso no es unidad.

Es restauración.

TAL VEZ EL MEA CULPA DEBA COMENZAR POR OTRO LADO

¿Por qué perdió el PJ la Provincia?

¿Por qué tantos dirigentes se fueron?

¿Por qué aparecieron construcciones peronistas independientes?

¿Por qué Villa Mercedes dejó de necesitar la autorización política de Terrazas del Portezuelo?

¿Por qué Frontera pudo construir poder fuera del partido?

¿Por qué tantos dirigentes jóvenes consideran terminado aquel ciclo?

Esas preguntas valen muchísimo más que exigir arrepentimientos.

Porque quizás el problema nunca fueron todos los que se fueron.

Quizás alguna vez haya que preguntarse por qué se fueron.

Y POGGI TAMBIÉN DEBE LEER EL MOMENTO

Pero sería demasiado sencillo terminar esta historia responsabilizando exclusivamente a Alberto.

Poggi tiene responsabilidad sobre lo que viene.

Porque gobernar también significa saber cerrar etapas políticas.

Tiene delante a un intendente de Villa Mercedes que viene dando señales.

Tiene enfrente una estructura del pasado intentando reorganizarse.

Y tiene una elección de 2027 que probablemente defina mucho más que un gobernador.

Puede definir qué generación conducirá San Luis durante la próxima década.

Por eso ya no alcanza con administrar correctamente.

Hace falta decisión.

Hace falta liderazgo.

Y sobre todo:

hace falta certeza.

Si Poggi considera que Frontera forma parte estratégica del futuro político de San Luis, tiene que construir ese acuerdo.

Si considera otra cosa, también debe decirlo y liberar a Villa Mercedes.

Lo que no puede hacer indefinidamente es dejar abierta una puerta por donde el viejo poder pueda introducir versiones, dudas y operaciones.

EL CONGRESO DEL MUP PUEDE CAMBIAR EL TABLERO

Por eso habrá que mirar Villa Mercedes.

Si el próximo Congreso del MUP alcanza la magnitud que esperan sus organizadores, no estaremos simplemente frente a otro acto político.

Puede convertirse en una fotografía anticipada de 2027.

Y después de esa demostración probablemente algunas conversaciones cambien.

Porque existe una regla antiquísima que ni la política analógica ni la digital pudieron modificar:

el poder reconoce al poder.

Si Frontera demuestra nuevamente capacidad de convocatoria masiva, Alberto tendrá que dejar de imaginar que simplemente regresará al PJ.

Y Poggi tendrá que preguntarse cuánto tiempo más puede postergar la consolidación de un acuerdo que parece políticamente natural.

No es Maxi Frontera, es Villa Mercedes, existe una mesa multisectorial que Frontera se determina como uno mas, la inmensa mayoría mercedina espeta CERTEZA.

NO SE TRATA DE VOLVER: SE TRATA DE AVANZAR

Ese es el error conceptual de Alberto Rodríguez Saá.

Habla permanentemente de volver.

Volver al PJ.

Volver a juntarse.

Volver a recuperar el Gobierno.

Volver quienes se fueron.

Volver.

Volver.

Volver.

Pero quizás San Luis ya no quiera volver.

Quizás quiera avanzar.

Y allí está la diferencia generacional más profunda.

Alberto pretende reconstruir el pasado.

Frontera está construyendo poder desde el presente.

Y Poggi tiene la responsabilidad de decidir si termina de abrir definitivamente la puerta hacia el futuro.

La única posibilidad seria de que Maxi Frontera algún día considere reconstruir una relación con aquel PJ no pasa por hacerlo regresar arrepentido.

Pasa por que quienes durante décadas condujeron el partido tengan la grandeza de reconocer que ya no son los únicos capaces de conducir.

Que vayan a Villa Mercedes.

Que golpeen la puerta del despacho.

Que reconozcan la construcción política realizada.

Y que comprendan que una nueva generación no necesita pedirles permiso para existir.

Hoy Maxi Frontera es candidato a Gobernador por el PJ, el peronismo de San Luis recupera categoricamente sus banderas.

Mientras tanto, Poggi debería comprender también el mensaje.

Los gestos que recibió de Villa Mercedes necesitan encontrar respuesta.

Porque llega un momento en política en que la prudencia deja de ser una virtud.

Y comienza a parecerse demasiado a la indecisión y eso hace ruido.

San Luis está entrando en ese momento.

El viejo poder ya decidió moverse.

Frontera está por mostrar nuevamente su territorio.

Ahora falta saber si Claudio Poggi también decidirá.

Porque 2027 puede terminar siendo mucho más que una elección:

puede ser la frontera definitiva entre la provincia que insiste en volver y la provincia que finalmente decide avanzar.

Entrada anterior MARIO RAÚL MERLO: DEL RETIRO DIGNO AL REGRESO VULGAR E IRRESPETUOSO