Saltar al contenido
Por Gustavo Thompson.
Durante años fueron adversarios.
Poggi denunció uno de los episodios más controvertidos que rodearon al adolfismo: los $80 millones destinados a la Fundación Mujeres Puntanas.
Después llegaron derrotas, reconciliaciones, perdones, una alianza impensada y forreadas metodológicas ascendentes desde adentro.
En 2023 Poggi abrió las puertas de su frente a Adolfo Rodríguez Saá y terminó compartiendo con él la victoria.
Tres años después, Adolfo lo acusa de traidor, lo mismo hizo con su hermano, Alberto lo echó, Poggi lo echó, su esposa lo echó de su propia casa, algo le pasa a él ¿no es verdad?.
Si no soy yo, no es nadie…
Pero para entender estas rupturas hay que mirar la película completa y preguntarse: ¿quién le debe realmente a quién?
Hay silencios que dicen mucho más que una conferencia de prensa.
Claudio Poggi parece haber elegido uno respecto de Adolfo Rodríguez Saá. Ponele.
Quizás tenga razones o miedos.
Porque escuchar hoy a Adolfo acusar al gobernador de haberlo traicionado obliga a reconstruir una historia que no comenzó con el triunfo de 2023.
Comenzó mucho antes.
Y estuvo cargada de enfrentamientos, denuncias, derrotas, reconciliaciones y perdones políticos que hoy parecen convenientemente olvidados.
POGGI Y ADOLFO NO SIEMPRE FUERON SOCIOS
Hay que regresar a 2017.
Ese año explotó uno de los episodios más polémicos de la política puntana: la entrega de $80 millones del Gobierno provincial a la Fundación Mujeres Puntanas, presidida por Gisela Vartalitis.
No era una fundación completamente ajena a Adolfo.
Documentación publicada entonces mostró que Adolfo Rodríguez Saá había participado personalmente en su constitución junto con Vartalitis. La entidad se creó el 21 de julio de 2017, solicitó los fondos el 1º de septiembre y el Gobierno provincial dispuso el subsidio pocos días después.
Poggi estaba enfrente.
Y denunció abriebndo una causa judicial.
La oposición presentó judicialmente el caso y cuestionó que semejante cantidad de dinero público entregado por Alberto Rodriguez Saá terminara en una fundación recientemente constituida que distribuía electrodomésticos y otros bienes en pleno proceso electoral.
No estamos hablando de una diferencia menor.
Estamos hablando de una denuncia penal que incluyó acusaciones gravísimas.
Y años después apareció otro dato significativo: según el informe de auditores de la Cámara Nacional Electoral citado públicamente en 2019, se consideró acreditada la existencia de “prácticas clientelares con el fin de captar votos” vinculadas con aquel esquema.
Ése era Poggi.
Y ése era Adolfo.
Enfrentados.
¿Dónde quedó la causa?, un ejemplo de agradecimiento de Adolfo a Poggi, cajonearon la causa.
DESPUÉS LLEGARON LOS EXPEDIENTES, LAS DENUNCIAS Y LAS HERIDAS
A aquella historia se agregaron durante años innumerables enfrentamientos administrativos y políticos.
Entre ellos, las controversias relacionadas con expedientes y decisiones dentro de organismos provinciales como la Zona de Actividades Logísticas (ZAL).
Sobre este punto hay que ser especialmente precisos: no encontramos documentación pública suficiente para afirmar como hecho que Poggi haya “perdonado expedientes encajonados en la ZAL” atribuibles personalmente a Adolfo.
Si tenemos esos expedientes, números de actuaciones o resoluciones, ahí sí podemos incorporarlos a una segunda versión y contar exactamente qué ocurrió. La famosa auditopría no se hizo público nunca.
Pero políticamente el cuadro general está claro.
Poggi y Adolfo acumulaban años de enfrentamientos.
No eran compañeros naturales.
No pertenecían a una construcción política común.
Y no se debían precisamente favores.
Hasta que apareció Alberto.
ADOLFO ROMPIÓ CON SU HERMANO Y QUEDÓ AFUERA
En 2019 ocurrió lo impensado.
Los hermanos Rodríguez Saá terminaron enfrentándose electoralmente.
Alberto por un lado.
Adolfo por otro.
Poggi por otro.
Adolfo terminó tercero.
Aquella derrota fue políticamente durísima.
Después vino la expulsión del PJ, la construcción de Todos Unidos y un intento por conservar una estructura propia.
Pero el resultado electoral posterior mostró que una cosa era Adolfo candidato y otra muy diferente era Todos Unidos sin Adolfo encabezando una elección provincial.
El poder que alguna vez había parecido infinito comenzaba a mostrar límites.
2023: ADOLFO NECESITABA UNA PUERTA
Llegaron las elecciones de 2023.
Adolfo quiso volver a competir por la Gobernación.
Intentó encontrar una salida dentro del peronismo.
Alberto no aceptó sus condiciones.
Y nuevamente quedó afuera.
Entonces ocurrió el movimiento que cambió la historia.
Poggi abrió la puerta.
Adolfo bajó su candidatura.
Todos Unidos ingresó al enorme frente opositor.
Y aquel hombre al que durante años había enfrentado terminó convirtiéndose en el vehículo electoral mediante el cual el adolfismo podía regresar al centro de la escena.
Está documentado: en marzo de 2023 Todos Unidos y Acción Renovadora resolvieron incorporarse al lema encabezado por Poggi.
No fue una alianza ideológica.
Fue política.
Había un objetivo superior que los unía:
derrotar al albertismo.
Y POGGI VOLVIÓ A PERDONAR
Éste es el capítulo que Adolfo parece olvidar cuando habla actualmente de traición.
Poggi podía haber dicho que no.
Podía recordar las viejas batallas.
Podía recordar las denuncias.
Podía recordar los $80 millones.
Podía recordar cada agravio.
Podía decir:
“Con Adolfo, nunca”.
No lo hizo.
Eligió otra cosa.
Eligió sumar.
Eligió construir una coalición enorme.
Y aceptó dentro de ella al mismo hombre con quien había mantenido enfrentamientos durante años.
Eso, políticamente, fue un perdón.
Quizás no personal.
Pero indudablemente político.
POGGI TAMBIÉN NECESITABA A ADOLFO
Y aquí debemos ser justos.
No hay que reescribir la historia para beneficiar a Poggi.
Poggi también necesitaba votos como hoy lo necesita a Maxi Frontera.
Necesitaba quebrar definitivamente el poder electoral del oficialismo provincial.
Y Adolfo todavía representaba una porción del electorado puntano.
Por eso el acuerdo fue funcional a ambos.
Adolfo necesitaba a Poggi.
Poggi necesitaba a Adolfo.
Pero fue Poggi quien terminó encabezando.
Y fue Poggi quien ganó.
La crónica de aquella noche electoral conserva una imagen extraordinariamente simbólica: cuando la tendencia ya indicaba la victoria, Adolfo apareció para abrazar a Poggi con su ex esposa Gisela Vartalitis la inteligente que se quedo con todo del macho alfa, el mismo que trata de huevones a los mercedinos y no se mira al espejo.
Parecía el final de una guerra.
Hoy sabemos que apenas comenzaba otra.
ADOLFO ENTRÓ AL NUEVO PODER
La alianza no terminó la noche de las elecciones.
El sector de Adolfo consiguió participación dentro del nuevo esquema político institucional.
Hubo funcionarios y espacios vinculados a su construcción.
Por lo tanto, durante un tiempo, aquel acuerdo electoral se transformó también en convivencia institucional.
Hasta que Poggi comenzó a tomar decisiones.
Achicó estructuras.
Reorganizó el Gobierno.
Y dirigentes vinculados al adolfismo quedaron afuera.
Entonces apareció nuevamente el viejo Adolfo.
“POGGI ME ECHÓ”, la misma de siempre, se la pasaba criticando la gestión desde adentro.
En mayo de este año, Rodríguez Saá rompió públicamente.
Dijo que Poggi había sacado a su gente.
Dijo:
“Poggi me echó”.
Y fue todavía más lejos.
Sostuvo que Poggi había llegado gracias a su acompañamiento y luego había “traicionado” a quienes confiaron en él.
La participación electoral de Todos Unidos desde que se conformó tuvo resultados electorales lamentables y escandalosos.
Ahí aparece la palabra que define esta nueva etapa:
desagradecimiento.
Al menos desde la lectura del poggismo.
Porque Adolfo cuenta una parte de la historia.
La parte donde él ayudó a Poggi.
Pero omite la otra.
Poggi también ayudó a Adolfo.
le encajonó causas. habr{ia que reabrirlas y sacar del cajón los expedientes de la ZAL.
¿QUIÉN SALVÓ A QUIÉN?
Ésa es la verdadera pregunta.
Adolfo sostiene:
“Poggi llegó gracias a nosotros”.
Puede tener una parte de razón.
Pero podría recibir otra pregunta:
¿Dónde estaría políticamente Adolfo en 2023 si Poggi no le hubiera abierto la puerta?
Había roto con Alberto.
Estaba fuera del PJ.
Había decidido bajar su candidatura.
Todos Unidos no mostraba por sí mismo una potencia electoral comparable con la que había tenido históricamente el apellido Rodríguez Saá.
Y Poggi lo recibió.
No solamente lo recibió.
Le banco a su gente, inservibles amorralados en un ministerio que nada tenían que ver dcon tecnología.
Lo incorporó al proyecto que finalmente ganó la provincia.
DE DENUNCIADO CON CAUSAS ENCAJONADAS A SOCIO
Por eso la paradoja es formidable.
En 2017, Poggi denunciaba el episodio de los $80 millones de Mujeres Puntanas.
En 2019 competía contra Adolfo.
En 2023 lo incorporaba a su frente.
Y esa misma noche lo abrazaba celebrando la victoria.
Eso se llama política.
Pero también se llama dar vuelta una página.
Poggi lo hizo.
¿Y AHORA ADOLFO ACUSA A POGGI DE TRAIDOR?
Ése es el punto que resulta difícil de digerir.
Porque para que exista una traición debería demostrarse primero cuál era el compromiso incumplido.
¿Poggi se comprometió a mantener eternamente funcionarios de Todos Unidos?
¿Prometió entregar una determinada cantidad de ministerios?
¿Existió un acuerdo escrito?
¿O Adolfo interpretó que su apoyo electoral de 2023 le otorgaba participación permanente dentro del Gobierno?
Son preguntas fundamentales.
Sin lugar a dudas, Adolfo pádece un problema cerebral porque para él todos incumplen menos él.
Porque acompañar a un gobernador para ganar una elección no convierte a ningún sector político en propietario de una parte del Estado durante cuatro años.
ADOLFO CONFUNDE AGRADECIMIENTO CON OBEDIENCIA
Quizás allí esté el verdadero conflicto.
Poggi agradeció políticamente.
Integró.
Compartió.
Abrió espacios.
Pero llegó un momento en que decidió gobernar con su propio criterio.
Y Adolfo interpretó esa autonomía como traición.
Ahí reaparece una vieja concepción del poder:
“Yo te ayudé, por lo tanto me debés”.
Pero una provincia no funciona así.
O al menos no debería.
Los ministerios no son pagarés.
Las secretarías no son cheques políticos.
Los cargos públicos no deberían convertirse en cuotas societarias de una alianza electoral.
POGGI PERDONÓ. ADOLFO FACTURA.
Ésa podría ser la síntesis más dura de esta historia.
Poggi dejó atrás denuncias.
Dejó atrás enfrentamientos.
Dejó atrás derrotas compartidas.
Dejó atrás agravios.
Dejó atrás incluso aquel escándalo de los $80 millones que su propio espacio había llevado a la Justicia.
Y en 2023 eligió sumar a Adolfo.
Ahora Adolfo parece presentar aquella ayuda como una deuda eterna.
“Yo te hice gobernador”.
No.
Los gobernadores los hacen los ciudadanos.
Adolfo aportó.
Todos Unidos aportó.
Los radicales aportaron.
El PRO aportó.
Los independientes aportaron.
Los peronistas desencantados aportaron.
Villa Mercedes aportó.
Y Poggi también aportó algo bastante importante:
los votos necesarios para ganar.
EL ERROR DE ADOLFO ES CREER QUE 2023 TODAVÍA LE PERTENECE
La política no entrega escrituras.
Una alianza electoral no genera derechos hereditarios.
Adolfo acompañó a Poggi en 2023.
Perfecto.
Poggi reconoció ese acompañamiento incorporando sectores.
Perfecto.
Pero pasaron tres años.
Y ahora cada dirigente deberá demostrar nuevamente cuánto representa.
No alcanza con mostrar la fotografía del abrazo de 2023.
Hay que mostrar votos en 2027.
POR ESO POGGI QUIZÁS PREFIERE NO HABLAR
Porque responder cada ataque significaría regresar permanentemente al pasado.
Y quizás el gobernador haya comprendido algo:
Adolfo necesita que Poggi le responda.
Necesita reconstruir una polarización.
Quiere subirlo al cuadrilátero.
Necesita nuevamente un enemigo.
Antes fue Alberto.
Después fue Poggi.
Mañana veremos.
Pero Poggi no necesariamente necesita a Adolfo para construir su futuro.
Y ésa puede ser la diferencia fundamental entre ambos.
ADOLFO DEBERÍA RECORDAR LA PELÍCULA COMPLETA
Poggi no fue simplemente el hombre al que Adolfo ayudó a ser gobernador.
También fue el dirigente que le abrió la puerta cuando Alberto se la había cerrado.
Adolfo no tenía salida, quedó solo y Poggi lo saco de la puerta del cementerio (políticamente hablando)
Fue quien aceptó compartir un frente después de años de enfrentamientos.
Fue quien decidió dejar atrás denuncias políticas tan graves como aquella relacionada con la Fundación Mujeres Puntanas.
Fue quién dejó sin efecto el desfalco de la ZAL.
Fue quien integró al adolfismo después del triunfo.
Y fue quien, finalmente, decidió que gobernar no significaba quedar eternamente condicionado por quienes lo acompañaron.
Adolfo puede criticar.
Puede competir.
Puede presentarse nuevamente.
Puede intentar derrotar a Poggi en 2027.
Tiene absolutamente todo el derecho.
Pero debería hacerlo reconociendo toda la historia.
Porque si pretende cobrarle a Poggi eternamente el acompañamiento de 2023, Poggi también podría abrir su propio libro de cuentas.
Y probablemente tenga bastantes páginas.
Adolfo dice que Poggi lo traicionó.
Poggi podría contestarle algo mucho más sencillo:
“TE PERDONÉ POLÍTICAMENTE MÁS DE UNA VEZ, TE ABRÍ LA PUERTA CUANDO TE LA HABÍAN CERRADO Y GOBERNAMOS JUNTOS. AHORA QUERÉS VOLVER A SER MI ADVERSARIO. ESTÁS EN TODO TU DERECHO. PERO NO ME HABLES DE TRAICIÓN.”
Quizás por eso la definición sea todavía más corta:
“ADOLFO ES UN DESAGRADECIDO. PREFIERO NO HABLAR DE ÉL.”
Porque algunas historias no necesitan más explicaciones.
Sólo necesitan memoria.