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Por Gustavo Thompson.
En tiempos donde gran parte de la política argentina parece alimentarse del enfrentamiento permanente, Villa Mercedes está protagonizando una experiencia institucional que merece ser observada con mayor detenimiento.
Muchos cuestionan la aparente tranquilidad con la que funciona el Honorable Concejo Deliberante de Villa Mercedes.
Algunos interpretan la ausencia de conflictos permanentes como falta de intensidad política.
Otros incluso llegan a confundir convivencia con pasividad.
Sin embargo, la realidad parece indicar exactamente lo contrario.
Lo que hoy ocurre en el Concejo Deliberante mercedino no es producto de la casualidad.
Es el resultado de una arquitectura política diseñada para adaptarse a los nuevos tiempos, donde la construcción de consensos comienza a reemplazar a la confrontación permanente como herramienta de gestión.
La diferencia se observa claramente cuando se comparan distintos modelos institucionales.
Mientras en otros cuerpos legislativos predominan los enfrentamientos, como el de San Luis Capital, las sesiones cargadas de tensión y los conflictos que muchas veces terminan ocupando más espacio que las propias soluciones, en Villa Mercedes se consolidó un esquema basado en el diálogo, el respeto mutuo y la búsqueda de acuerdos.
No se trata de uniformidad de pensamiento.
No se trata de eliminar las diferencias.
No se trata de imponer una mayoría sobre las minorías.
Se trata de comprender que la democracia moderna no se fortalece únicamente a través de la confrontación, sino también mediante la capacidad de construir consensos duraderos.
Por eso resulta significativo que gran parte de los proyectos que llegan al recinto encuentren amplios niveles de acompañamiento entre las distintas fuerzas políticas.
Detrás de ese resultado existe una tarea silenciosa que muchas veces no se ve.
Existe escucha.
Existe negociación.
Existe diálogo.
Existe respeto por las distintas miradas.
Y existe una decisión política de priorizar el interés colectivo por encima de las disputas personales o partidarias.
En ese proceso resulta imposible no reconocer el liderazgo político que ha impulsado esta cultura institucional desde la conducción de la ciudad.
La impronta de Maximiliano Frontera ha estado asociada desde hace años a la construcción de puentes, a la búsqueda de acuerdos y a la generación de ámbitos donde distintos sectores puedan convivir y trabajar juntos.
Pero también corresponde destacar la gestión institucional de Silvina Galetto al frente del Concejo Deliberante.
Su conducción ha logrado preservar el funcionamiento del cuerpo dentro de parámetros de respeto, equilibrio y responsabilidad, fortaleciendo el rol institucional del Poder Legislativo municipal.
Del mismo modo, merece reconocimiento el conjunto de concejales que integran el cuerpo legislativo.
Más allá de pertenencias políticas, han sabido interpretar que los desafíos actuales requieren madurez democrática, capacidad de diálogo y vocación de convivencia.
Quizás el mayor mérito del Concejo Deliberante de Villa Mercedes sea precisamente aquello que algunos le cuestionan.
La ausencia de escándalos.
Porque cuando la política deja de producir ruido, puede comenzar a producir soluciones.
Y cuando las diferencias se administran mediante el diálogo en lugar de la confrontación, las instituciones se fortalecen.
En una Argentina atravesada por grietas, enfrentamientos y polarizaciones permanentes, Villa Mercedes parece estar demostrando que existe otro camino posible.
Un camino donde persuadir vale más que imponer.
Donde escuchar vale más que gritar.
Y donde la convivencia democrática deja de ser un discurso para transformarse en una práctica cotidiana.
Quizás allí radique la verdadera fortaleza del Concejo Deliberante mercedino.
No en la ausencia de política.
Sino en la presencia de una política más madura.