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Por Gustavo Thompson.
En política hay decisiones que se anuncian como grandes logros institucionales pero que, observadas en profundidad, obligan a abrir debates mucho más delicados. Y eso es exactamente lo que hoy empieza a ocurrir alrededor de Marcelo Sosa, la Universidad Nacional de Villa Mercedes y las recientes cesiones patrimoniales que comienzan a generar inquietud dentro de sectores importantes de la sociedad mercedina.
Porque nadie puede negar que la finalización del edificio de Medicina representa una noticia positiva para la ciudad.
Que la Provincia financie con más de $2.600 millones una obra paralizada hace una década es, objetivamente, una señal importante para el desarrollo universitario y educativo de Villa Mercedes. Medicina no es solamente una carrera: es prestigio, crecimiento, proyección regional y movilidad social para cientos de familias.
Pero el problema no aparece solamente en el anuncio de la inversión.
El problema aparece en el costo político, patrimonial e identitario que comienza a esconderse detrás de determinados acuerdos.
El convenio entre la Provincia y la UNViMe incluye la cesión de 34 hectáreas por parte de la universidad para futuros planes habitacionales.
Y allí empiezan las preguntas incómodas que nadie parece querer formular públicamente.
Porque la universidad posee aproximadamente 70 hectáreas y entregar prácticamente la mitad de ese patrimonio territorial abre inevitablemente una discusión seria sobre el futuro estratégico de la institución y de Villa Mercedes.
La pregunta no es menor:
¿Estamos frente a una decisión inteligente de articulación institucional o ante una entrega silenciosa de patrimonio estratégico de la ciudad?.
Y la preocupación aumenta cuando se observan antecedentes recientes.
Porque no es la primera cesión que aparece alrededor de la UNViMe. Ya existieron acuerdos de utilización por cien años de predios lindantes a la Caminera y otras decisiones que lentamente empiezan a generar la sensación de que Villa Mercedes cede, entrega o resigna espacios estratégicos mientras otros consolidan poder territorial, también Sosa ha cedido valores omitiendo a los verdaderos hacedores de la universidad y destacando al Gobernador que precisamente en su momento la rechazaba. MEMORIA.
Allí es donde la discusión deja de ser universitaria y pasa a ser profundamente política y cultural.
Villa Mercedes históricamente construyó una identidad muy particular dentro de San Luis.
Una identidad basada en pertenencia, autonomía, orgullo territorial y defensa de lo propio.
Por eso cada decisión vinculada al patrimonio de la ciudad no puede analizarse únicamente desde lo administrativo o financiero como individual.
Debe analizarse también desde el impacto simbólico y estratégico que tendrá dentro de veinte, treinta o cincuenta años. En 50 años dirán ¿nos quedamos sin espacio?, VOS SABES QUE EN EL 2026 CEDIMOS LA MITAD DEL CAMPUS?, ¿Quién fue el entreguista?.
Porque las hectáreas que hoy parecen sobrantes mañana pueden transformarse en espacios académicos, centros de investigación, polos tecnológicos, residencias universitarias o expansiones fundamentales para una universidad que todavía está en crecimiento.
El problema de las cesiones patrimoniales es que muchas veces se celebran en el presente y se lamentan en el futuro.
Y aquí aparece otro punto extremadamente sensible: ¿Qué gana realmente Villa Mercedes en proporción a lo que entrega?, ¿terminar parte, solo parte (MÓDULO UNO) del proyecto?, ¿no es mucho ceder casi 40 hectáreas la mitad de la propiedad?.
Porque la Provincia financia una deuda histórica nacional, algo que claramente corresponde valorar.
Pero al mismo tiempo la ciudad comienza a resignar parte de un patrimonio universitario estratégico.
Entonces la discusión ya no pasa por estar a favor o en contra de la obra.
La discusión verdadera es si el equilibrio del acuerdo favorece realmente a los intereses futuros de Villa Mercedes. ¿se mira a la punta de la nariz?.
La Línea no plantea una acusación.
Plantea una advertencia.
Porque los pueblos que pierden capacidad de debatir sobre su patrimonio terminan entregando lentamente su identidad sin darse cuenta.
Y Villa Mercedes no puede permitirse eso.
La gran pregunta que empieza a recorrer silenciosamente distintos sectores de la ciudad es simple pero poderosa: ¿Marcelo Sosa está construyendo soluciones inteligentes para la UNViMe o está administrando cesiones que mañana la ciudad podría lamentar?
Tal vez el tiempo dé la respuesta. Pero mientras tanto, Villa Mercedes tiene derecho a discutir, preguntar y defender lo que siente propio. Porque cuando una comunidad deja de cuidar su patrimonio, tarde o temprano también empieza a perder parte de su identidad.