Toro Negro: promesas, mesas que no llegan y un liderazgo que vuelve a chocar con sus propias contradicciones

Toro Negro: promesas, mesas que no llegan y un liderazgo que vuelve a chocar con sus propias contradicciones

Por Gustavo Thompson.

El 24 de mayo, en Toro Negro, Adolfo Rodríguez Saá volvió a colocarse en el centro de la escena política puntana.

El mensaje era claro: convocar al peronismo, organizar una mesa provincial, construir una conducción colectiva y avanzar hacia una nueva etapa de reorganización política. CONVOCO PARA QUE EN DOS SEMANAS ARMARAN UNA MESA PROVINCIAL.

Sin embargo, más de un mes después, las preguntas comienzan a multiplicarse y las respuestas siguen sin aparecer.

¿Qué pasó con aquella mesa provincial que, según se anunció, debía conformarse en las semanas siguientes?

¿Dónde está la estructura colectiva prometida?

¿Quiénes la integran?

¿Qué acciones concretas desarrolló?

Hasta el momento, nada de eso parece haberse materializado de manera visible, solo humo en las rtedes sociales.

La primera contradicción surge precisamente allí.

Se habló de construcción colectiva, pero los hechos muestran nuevamente un esquema concentrado alrededor de una sola figura.

Se prometió organización y apareció, otra vez, el personalismo.

La segunda contradicción tiene que ver con las aspiraciones políticas.

En Toro Negro se transmitió la idea de que no existían ambiciones personales y que el objetivo era contribuir a la reorganización del espacio.

Sin embargo, apenas semanas después comenzaron a multiplicarse señales, mensajes y movimientos que lo vuelven a posicionar como eventual candidato a gobernador.

La pregunta es inevitable: ¿se convocó para construir una alternativa colectiva o para iniciar una nueva candidatura personal?

Existe además una tercera contradicción que golpea directamente sobre uno de los discursos históricos del ex gobernador: la defensa de la puntanidad.

Mientras se reivindica permanentemente la identidad puntana y se cuestiona la influencia externa en la política provincial, distintas herramientas de comunicación vinculadas a su espacio continúan siendo desarrolladas por operadores y equipos radicados fuera de San Luis.

La imagen que circula en redes sociales muestra incluso un número telefónico con característica del Área Metropolitana de Buenos Aires.

El dato por sí solo no constituye una irregularidad, pero sí expone una contradicción política evidente entre el discurso de defensa de lo local y las prácticas concretas de comunicación.

No es la primera vez que ocurre. Adolfo viene amagando y mintiendo hace varias elecciones.

En procesos anteriores también se recurrió a asesoramientos y estructuras externas (internacionales) para sostener campañas y estrategias políticas (perdió escandalosamente).

Mientras tanto, San Luis enfrenta problemas reales que demandan respuestas concretas: empleo, producción, desarrollo, infraestructura, oportunidades para los jóvenes y recuperación económica.

Frente a esos desafíos, gran parte del debate político vuelve a quedar atrapado en una disputa histórica entre dirigentes que acumulan décadas de poder.

Porque quizás la verdadera pregunta ya no sea qué hará Adolfo Rodríguez Saá.

La verdadera pregunta es si la política puntana seguirá girando alrededor de una pelea que pertenece más al pasado que al futuro.

Los sanluiseños escucharon anuncios, promesas de reorganización y convocatorias a la unidad.

Nada de eso pasa.

Lo que todavía esperan son resultados.

Y hasta ahora, la mesa prometida sigue siendo más un anuncio que una realidad.

Cuando se pierde el peso de las palabras, se contradicen, indica el anuncio el fin de un ciclo que deberían asumir y dar paso al costado.

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