VILLA MERCEDES: UNA CIUDAD ORGULLOSA QUE TODAVÍA CREE EN SU FUTURO

VILLA MERCEDES: UNA CIUDAD ORGULLOSA QUE TODAVÍA CREE EN SU FUTURO

Por Gustavo Thompson.

Cuando se analiza una ciudad, muchas veces se cae en la tentación de mirar únicamente la política.

Se observan dirigentes, partidos, elecciones y encuestas.

Sin embargo, las ciudades son mucho más que eso.

Antes de votar, las personas sienten.

Antes de opinar, experimentan emociones.

Antes de elegir un liderazgo, construyen una visión colectiva sobre quiénes son y hacia dónde quieren ir.

Por eso, al comenzar un análisis emocional y psicográfico de Villa Mercedes, la primera pregunta no fue quién gana o quién pierde políticamente.

La pregunta fue mucho más profunda.

¿Qué siente hoy Villa Mercedes?

Las primeras observaciones realizadas sobre conversaciones públicas, comentarios en medios digitales y reacciones sociales permiten arribar a una conclusión preliminar que resulta tan interesante como inesperada.

Villa Mercedes no parece una ciudad dominada por el miedo.

Tampoco parece una ciudad tomada por la bronca.

Mucho menos una comunidad resignada.

Lo que aparece es otra cosa.

Aparece orgullo.

Aparece identidad.

Aparece pertenencia.

Y aparece una expectativa permanente de mejora.

Detrás de las discusiones cotidianas sobre obras, empleo, tránsito, educación, seguridad o convivencia, emerge una idea recurrente: los mercedinos sienten que viven en una ciudad importante y creen que todavía puede ser mejor.

Ese dato no es menor.

Las comunidades resignadas dejan de reclamar.

Las comunidades derrotadas dejan de esperar.

Las comunidades sin futuro dejan de involucrarse.

Nada de eso parece estar ocurriendo en Villa Mercedes.

Por el contrario, cada debate, cada crítica y cada discusión parecen esconder una misma convicción: la ciudad tiene potencial.

Incluso cuando aparecen episodios negativos, la reacción social suele estar más vinculada a la decepción que al temor.

Los vecinos parecen molestarse porque determinadas situaciones contradicen la imagen que tienen de sí mismos y de la ciudad que desean construir.

Por eso emergen con fuerza valores como el respeto, la convivencia, el trabajo, el orden, el esfuerzo, el diálogo, la ciudad ya no se caracteriza por la violencia, al contrario. ESTE ES UN VALOR A CONTINUAR, VILLA MERCEDES LA CIUDAD QUE NO CONFRONTA.

No porque sean consignas políticas.

Sino porque forman parte de un nuevo valor de identidad .

Otro aspecto relevante es que la conversación pública parece girar mucho más alrededor de la calidad de vida que de las disputas ideológicas.

La gente habla de empleo.

Habla de oportunidades.

Habla de obras.

Habla de servicios.

Habla de convivencia.

Habla de futuro.

Y cuando habla de política, muchas veces lo hace desde esas preocupaciones concretas.

Este fenómeno permite formular una hipótesis inicial.

La emoción más importante de Villa Mercedes podría no ser la esperanza ni la bronca.

Podría ser algo que llamaremos orgullo insatisfecho.

Es decir, una comunidad que valora lo que ha construido, que reconoce sus fortalezas, pero que al mismo tiempo siente que todavía no ha alcanzado todo lo que podría llegar a ser.

Esa emoción es poderosa.

Porque no mira hacia atrás con nostalgia.

Mira hacia adelante con expectativa.

Quizás por eso Villa Mercedes transmite una sensación particular.

No parece una ciudad que pida ser rescatada.

Parece una ciudad que quiere seguir creciendo.

No parece una ciudad que haya perdido confianza en sí misma.

Parece una ciudad que busca nuevas razones para creer.

Y tal vez allí se encuentre la principal conclusión de este primer balance emocional.

Villa Mercedes no está discutiendo únicamente problemas.

Está discutiendo el tipo de ciudad que quiere ser.

Y detrás de cada conversación aparece una certeza compartida.

La certeza de que el futuro todavía vale la pena y sobre todo, junto a las nuevas generaciones.

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