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Por Gustavo Thompson.
Del fenómeno de Javier Milei al desgaste del kirchnerismo, y del cruce permanente entre Claudio Poggi y Alberto Rodríguez Saá, la política atraviesa un punto de quiebre: ya no alcanza con ideologías, la sociedad empieza a buscar conexión emocional.
Hay momentos en la historia donde los sistemas no caen, pero dejan de seducir.
Ese es el punto exacto en el que hoy se encuentra la política argentina.
Durante años, la discusión estuvo ordenada por dos grandes relatos: izquierda y derecha, kirchnerismo y antikirchnerismo, Estado versus mercado. Ese esquema no solo organizaba el poder, sino que generaba identidad, pertenencia, pasión.
Hoy, eso cambió.
No porque esas fuerzas hayan desaparecido, sino porque perdieron su capacidad de enamorar.
El fenómeno Milei: la ruptura emocional
La irrupción de Javier Milei no puede explicarse únicamente desde lo económico o ideológico. Su llegada al poder fue, antes que nada, un fenómeno emocional.
Milei no ganó solo por sus ideas.
Ganó porque interpretó una bronca acumulada, un hartazgo profundo, una sensación de abandono.
Pero ese mismo capital emocional que lo llevó al poder hoy enfrenta su mayor desafío: sostener el vínculo con una sociedad que ya no se conforma con discursos disruptivos, sino que empieza a exigir resultados y coherencia.
En paralelo, el kirchnerismo —que durante años supo construir identidad y pertenencia— muestra signos evidentes de desgaste. Su narrativa, que alguna vez movilizó, hoy encuentra dificultades para interpelar a una sociedad que cambió.
El resultado es claro: ninguno de los dos polos logra hoy generar el nivel de adhesión emocional que supo tener.
San Luis: el espejo en escala provincial
Lo que ocurre a nivel nacional tiene su correlato en San Luis.
Durante años, la política provincial estuvo marcada por liderazgos fuertes y definidos. Pero hoy, la tensión entre Claudio Poggi y Alberto Rodríguez Saá empieza a mostrar un desgaste similar al del escenario nacional.
La confrontación constante, las disputas cruzadas en la justicia y la lógica de bloques ya no generan el mismo impacto en la sociedad.
– la gente observa, pero no se involucra con la misma pasión, ni les intera.
No hay épica.
Hay cansancio.
El vacío que deja la política tradicional
Cuando los polos dejan de enamorar, no desaparecen.
Pero dejan algo mucho más importante: un vacío.
Un espacio donde empiezan a aparecer nuevas demandas:
-
más cercanía
-
menos confrontación
-
más humanidad
-
menos discurso armado
La sociedad ya no busca únicamente representación política.
Empieza a buscar representación emocional. ¿Quién o quienes no confrontan en San Luis?
El inicio de una nueva etapa
Este cambio no significa que la izquierda o la derecha dejen de existir.
Significa algo más profundo: dejan de ser suficientes.
La política entra en una etapa donde ya no alcanza con tener razón, ni con imponer un modelo.
Ahora, además, hay que conectar.
Porque en la Argentina que viene, no va a ganar solo el que mejor explique, sino el que mejor interprete lo que la gente siente, dice y piensa.
La izquierda y la derecha no desaparecieron.
Pero dejaron de enamorar.
Y cuando una sociedad deja de enamorarse de sus dirigentes,
empieza —inevitablemente— a buscar algo distinto.
Tal vez no sepamos todavía cómo se llama.
Pero ya empezó a sentirse.