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Por Gustavo Thompson.
En las últimas semanas, el conflicto que involucra al abogado Pascual Celdrán y al empresario automotor Elías Demetrio ha ocupado un espacio importante en la agenda pública de Villa Mercedes y de la provincia de San Luis.
Sin embargo, detrás de los títulos, las declaraciones cruzadas y la amplificación mediática, existe una realidad que no debería perderse de vista: las causas judiciales se resuelven en los tribunales y no en los medios de comunicación.
Hasta el momento, la sociedad ha asistido a una sucesión de denuncias, acusaciones, respuestas y versiones contrapuestas que, lejos de aportar certezas, parecen haber profundizado la confusión.
Cada parte sostiene su verdad y será la Justicia quien determine responsabilidades, si las hubiera.
Lo llamativo del caso es que la exposición pública ha avanzado a una velocidad mucho mayor que la propia investigación judicial.
Esto ha provocado que el debate se traslade al terreno político, mediático y emocional, donde muchas veces las condenas sociales llegan antes que las resoluciones judiciales.
En ese contexto aparece la figura de Pascual Celdrán, un abogado nacido, criado y formado en Villa Mercedes, conocido por su participación en causas de alta repercusión pública.
No son pocos quienes observan que la intensidad de los ataques mediáticos coincide con su protagonismo en expedientes sensibles, particularmente en el denominado Caso Caburé, donde su actuación profesional lo ha colocado en el centro de fuertes controversias.
Por otro lado, tampoco puede ignorarse el contexto económico que atraviesa el país.
Miles de argentinos enfrentan dificultades financieras, refinanciaciones, incumplimientos y problemas derivados de una economía compleja. Las estadísticas muestran un deterioro en numerosos indicadores vinculados al crédito, las cuentas corrientes y el financiamiento comercial.
Ello no implica justificar deudas ni incumplimientos, pero sí obliga a analizar los hechos dentro de un escenario económico más amplio y no únicamente desde la simplificación de los titulares.
La prudencia también exige recordar que una denuncia no constituye una condena y que la exposición pública de personas ajenas al conflicto puede generar daños difíciles de reparar.
Cuando las diferencias comerciales o financieras se transforman en espectáculos mediáticos, el riesgo es que terminen afectando reputaciones, familias y actividades profesionales antes de que exista una resolución definitiva.
La Justicia deberá determinar qué ocurrió realmente entre las partes.
Mientras tanto, resulta conveniente evitar los veredictos anticipados y recordar que el debido proceso existe precisamente para separar los hechos comprobados de las interpretaciones, las sospechas y las operaciones de opinión.
Porque cuando el juicio mediático reemplaza al judicial, todos corren el riesgo de perder: quienes denuncian, quienes son denunciados y una sociedad que necesita certezas más que escándalos.
La utilización mediática de los damnificados, tanto Elías como Celdrán han sido manipulados, uno de los dos o los dos quedarán gravemente lesionado y el autor intelectual de semejante puesta en escena quedará observando desde La Loma comiéndose un plato frio.
Villa Mercedes es especial a la hora de defender y abrazar el acervo Ranquel, lo nuestro, lo nativo, fundamentalmente devenidos de generaciones porque con aciertos y errores son historia, son vivencias de la patria chica, hay momentos que se valora inmensamente al separar la paja del trigo porque no siempre todo es color de rosa, cuando eres exitoso te rodean las mieles cuando aparecen tiempos de tormenta se borran como ratas, en fin, es parte de la miseria humana y sirve para diferenciar los que están forjados de cedro y los cobardes de caldén.